Espíritu Ignacio Echeverría

|

Por Víctor Valentín Cotobal, vicepresidente de la Asociación Dignidad y Justicia, analista en terrorismo y coautor del libro “Enaltecimiento del terrorismo: análisis jurisprudencial y policial del artículo 578 del Código Penal”.

En el año 2017 se produjeron cinco atentados terroristas en la ciudad de Londres en los que 36 personas perdieron la vida, cientos resultaron heridas y con fuertes secuelas psicológicas. A partir de estos ataques el Gobierno Británico reacciona y cambia por completo su política antiterrorista, no solo de acción sino también de prevención y asistencia. Crea una unidad de atención a las víctimas del terrorismo a años luz de nuestra Dirección General de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo del Ministerio del Interior fundada en 1996 y cuya Directora lleva en el cargo más de diez años. La entonces Primera Ministra, Teresa May, promueve planes de desrradicalización en las prisiones, el más popular es el denominado PREVENT que con el atentado del pasado viernes en el que el autor había estado en una de estas terapias y se encontraba en libertad vigila por terrorismo deja de manifiesto que si ya es complicado educar a una persona lo que es casi imposible es reeducarla, y cuando hablamos en términos de Seguridad Nacional el índice de error no puede ser otro que cero. Además se abre el debate a todo la Unión Europea sobre el peligro potencial que supondrán todos aquellos presos que cumplen condena por terrorismo y van a salir de prisión. Otra de las medidas que toma el Ejecutivo Inglés es la de introducir en el día a día de la ciudadanía a policías con armas de fuego, algo impensable ya que los conocidos como “bobbies” (policía londinense) no llevan pistola. Pero el atentado en el Parlamento Británico en el que cuatro personas y un policía murieron, este último por las cuchilladas de un terrorista en este mismo año 2017 y en las que el agente no tuvo posibilidad de defenderse por carecer de arma pesó demasiado en las Instituciones del Reino Unido.

De todos los atentados sucedidos los cometidos en el  puente de Londres en 2017 y 2019 guardan detalles especiales, y “es en la letra pequeña donde se esconde el diablo”. Se producen en un lugar que no es ni por asomo la zona más concurrida de la ciudad y en la que existen varias opciones de escape como por ejemplo “Borough Market”, que es un mercado gastronómico al aire libre, incluso si lo que los terroristas persiguen es el ataque en un puente a escasos metros se encuentra el “Tower Bridge” mucho más concurrido y con unos railes que separan a los viandantes del tráfico rodado lo que reduce la capacidad de movimientos. 

¿Por qué elegir el puente de Londres para realizar un atentado? El terrorismo yihadista en su expansión del terror sabe que la propaganda es clave en cada una de sus acciones y este puente sin ser el más frecuentado ni el más idóneo para un ataque es el único que lleva el nombre de la ciudad de Londres lo que hace que la acción sea eterna recordándonos siempre donde sucedió y eso para quien quiere potenciar su ataque mediante el uso del ciberespacio es un argumento determinante para su elección.

El ataque del pasado viernes se produce, igual que el de 2017 en el London Bridge, en un contexto de elecciones generales al Parlamento Británico, lo cual traslada el atentado terrorista a la esfera política cambiando de este modo las reglas del juego democráticas y elevando la tensión del país, sin duda otra forma más de expandir su acción.

Sin embargo el atentado de 2017 en el puente de Londres fue perpetrado por tres terroristas, que no estaban controlados por la policía, que a la hora de atacar tenían mecanizados cada movimiento en lo que parecía un baile, vestían los tres iguales con ropa deportiva concretamente con la segunda equipación del Manchester United para ser uno más en Inglaterra, los explosivos simulados era muy reales tanto que la policía tomó todas las precauciones posibles al acercarse a sus cadáveres una vez que fueron abatidos, los cuchillos estaban sujetos en sus manos por “cinta americana” para impedir ser arrebatados, e incluso consumieron anabolizantes de acción rápida para sentirse pletóricos y fuertes. No se dejó nada al azahar todo estaba perfectamente planificado. En el acto terrorista del 29 de noviembre de 2019 la improvisación y la falta de preparación han quedado patente cuando el terrorista perdió el cuchillo, deambulaba entre la gente sin objetivos definidos, su indumentaria y características físicas eran fácilmente identificables con un credo islámico radical  y portaba unos explosivos que rápidamente los allí presentes identificaron como falsos, a pesar de ello fallecieron dos personas. Podríamos llegar a la conclusión de que ambos son atentados terroristas yihadistas con una pequeña/gran diferencia, uno fue ejecutado por una célula perfectamente organizada y coordinada y el de 2019 por un individuo que probablemente sufría problemas mentales, pero los dos son hijos del mismo terror y el daño que ocasionan es atroz. 

Pero hay una variable con la que no contaban los terroristas de ambos ataques en su fórmula del atentado perfecto, y es ese componente místico, divino, etéreo, sobrehumano, que va más allá de lo previsible o de lo que pudiera suceder; la VALENTÍA. Los terroristas nunca barajaron la posibilidad de que la ciudadanía, sus víctimas, se enfrentaran a ellos anulando por completo sus ataques, este ingrediente no estaba en la receta de la mal llamada “yihad”. Los “muyahidines” sueñan con ser abatidos por la policía o las fuerzas especiales, para ellos es una deshonra que los “infieles” puedan frustrar sus opciones de entrar en el paraíso, quieren ser mártires y las setenta y dos vírgenes (huríes) en el palacio con ríos de miel que les esperan en el Edén no son para aquellos que la muchedumbre es capaz de reducir. Este sentir de coraje militante plantando cara a los asesinos, similar a nuestro conocido como “basta ya” contra ETA, nace en el año 2017 en ese mismo puente de Londres donde un español, Ignacio Echeverría Miralles de Imperial, no tuvo miedo a los tres terrorista y dijo sí a la vida aunque para ello perdiera la suya. Después de la intervención de Ignacio no falleció nadie más, lo mismo ha ocurrido esta vez, tras la actuación ciudadana no ha habido que lamentar más víctimas.

El 29 de noviembre de 2019 hemos visto como personas anónimas que pasaban por allí se revelaban contra el mal, el pasado viernes hemos visto como el “espíritu Ignacio Echeverría” sigue en el London Bridge y como todos podemos ser “héroes del monopatín”.