Fernández Barbadillo desmonta en ‘Eternamente Franco’ las falsedades difundidas sobre el general

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A sus 42 años y medio de su muerte, Francisco Franco sigue tan presente en la vida española como cuando dirigía los destinos de los españoles. Quienes tienen 20 años oyen hablar de él tanto como oyeron hablar sus abuelos a su edad. Parece que Franco ha trascendido el tiempo, ya que ha conseguido la eternidad al ser en 2019 motivo de leyes, discusiones, carnavaladas, chistes, mítines, películas, memes, chirigotas… Por ello, Pedro Fernández Barbadillo titula su libro Eternamente Franco.

La figura de Franco se ha deformado de tal manera que sus enemigos le atribuyen todo tipo de maldades, como el cambio de la hora oficial para agradar a Adolf Hitler, el robo de niños en las maternidades y los costes de cerrar las centrales nucleares. Quien pretenda introducir la racionalidad en este debate o aportar datos que contradigan el maniqueo discurso oficial recibe el calificativo de ‘neofranquista’. Sin embargo, una sociedad no puede edificarse sobre la mentira y la manipulación, porque se vuelve frágil. Por eso, algunos se atreven a enfrentarse a los insultos, como Fernández Barbadillo.

En Eternamente Franco, el autor, escritor habitual en diversos periódicos digitales, ofrece una serie de hechos, respaldados por datos, testimonios y documentos, que en unos casos desmontan las falsedades difundidas, más propias de la propaganda realizada en la Guerra Civil, y en otras plantean debates de interés. Aparte de estos hechos, el libro incluye algunas anécdotas, como la legalización del bikini y los abundantes favores de Franco al FC Barcelona, que combaten la supuesta ‘diferencia española’ respecto a Europa, tan querida por los franquistas antes como ahora por los antifranquistas.

La finalidad de Eternamente Franco no es reivindicar un régimen ya desaparecido hace mucho tiempo, sino devolver la sensatez al estudio de nuestra historia reciente y, también, a la vida pública, de modo que los debates no acaben con el recurso al ‘Francomodín’ o a la ‘España en blanco y negro’.

Sabía usted que…

Franco cobró menos que Azaña

Los primeros Presupuestos Generales del Estado después de la guerra incluyeron el sueldo de Franco. ¿Qué cobraría Franco como jefe del Estado? La solución la negociaron el ministro de Hacienda, José Larraz, y el subsecretario de Presidencia del Gobierno, el general Valentín Galarza. El presupuesto para el jefe del Estado se fijó en 2.200.000 pesetas, cuando en 1935 esa cantidad fue de 2.250.000 pesetas. Menos dinero en nominal y también en valor, ya que la inflación de la guerra había depreciado mucho la peseta. Así, Franco cobró un sueldo menor que el de Azaña y el de Niceto Alcalá-Zamora, los presidentes de la República. Unos meses después de acabar la guerra, Franco y su familia se trasladaron al Pardo, que había sido cuartel de milicias y lugar de cárcel y fusilamiento por los comunistas de muchos militares que apoyaron al coronel Casado en su golpe de marzo de 1939. La última residencia de Azaña en la paz fue la cercana Quinta del Pardo. Otra similitud entre Franco y Azaña.

La Dama de Elche volvió a España gracias a Franco

A lo largo del siglo XIX, el patrimonio artístico español fue expoliado y destruido, debido a la invasión francesa, las guerras, las desamortizaciones y la falta de protección legal.

Así salieron de España muchas obras, una parte de las cuales acabó en manos privadas y otra en museos extranjeros. Después de la derrota de Francia, el Gobierno del mariscal Petain temía que España se aliara con Alemania y obtuviera a cambio territorios en África y otros beneficios. Para halagar a Franco, Petain, que había sido el primer embajador enviado por París a la España franquista antes de que acabase la guerra, devolvió una serie de obras y piezas artísticas, unas robadas y otras compradas en situación irregular. Las dos más destacadas son la Dama de Elche, que está en el Museo Arqueológico Nacional, y el cuadro de la Inmaculada Concepción pintado por Murillo y que robó el mariscal Soult de Sevilla, depositado en el Prado. También se entregaron legajos del Archivo de Simancas y el tesoro visigodo de Guarrazar.

¿Por qué está Franco enterrado en el Valle?

Franco no hizo construir el Valle de los Caídos como un mausoleo para él, sino como un monumento a la reconciliación entre las dos Españas. Por ello, no se preparó su tumba en la abadía. Él y su esposa, Carmen Polo, se compraron un panteón en el cementerio del Pardo, donde está enterrada ella y también el principal colaborador de Franco, el almirante Carrero Blanco. El cadáver de Franco se inhumó en el Valle porque se lo propuso el servicio de información del régimen, el SECED, al Gobierno y al Rey. Ambos lo aceptaron. Y también la familia. Por eso, hubo que excavar la tumba de Franco detrás del altar a toda prisa, en unos pocos días.

Fidel Castro guardó luto por Franco

Cuando murió Franco, la Asamblea General de las Naciones Unidas guardó un minuto de silencio, como cada vez que muere un jefe de Estado en ejercicio. El luto más curioso por Franco fue el ordenado por el dictador cubano Fidel Castro. Con la Cuba comunista había relaciones comerciales a pesar del embargo económico de EEUU. En 1971 se renovó el acuerdo comercial y en 1975 regresaron los embajadores, que se habían retirado en 1960 debido al incidente del embajador Lojendio con el comandante en la televisión cubana. El Gobierno cubano dictó un decreto al día siguiente de la muerte de Franco estableciendo tres días de luto oficial. La noticia la difundió la agencia EFE al mundo entero. En 1978, durante una visita del presidente del Gobierno Adolfo Suárez a Cuba, Fidel elogió a Franco por haber resistido las presiones del «imperialismo yanqui» para que España rompiera todas las relaciones con Cuba.

Franco salvó a miles de judíos de los nazis y de los árabes

Durante la Segunda Guerra Mundial, los diplomáticos españoles salvaron a miles de judíos de la deportación y la muerte, cumpliendo órdenes de Madrid; el más famoso es Ángel Sanz Briz. Para ello se ampararon en un decreto del dictador Miguel Primo de Rivera, que afectaba a los judíos sefardíes (descendientes de los expulsados de España en 1492) establecidos en territorios del desaparecido Imperio Otomano, pero que ya había caducado, hecho que se ocultó a los alemanes. Aunque el Estado de Israel, establecido en 1948, no reconoció a la España franquista y se opuso durante unos años a su ingreso en la ONU, Franco colaboró con los israelíes en sacar a judíos de los países árabes. Sucedió en Marruecos, después de la independencia de este país (1956). La colonia sefardí en las ciudades de Ceuta y Melilla y en la zona española del Protectorado había colaborado con Franco al principio de la guerra, con dinero y gestiones con empresas extranjeras. También sucedió en Egipto, después de la Guerra de los Seis Días (1967). Nasser se había reunido con Franco en Barajas en 1960. El embajador español en Egipto, Ángel Sagaz Zubelzu, consiguió que el Gobierno egipcio liberase a unos 1.500 judíos, muchos de ellos encarcelados como represalia por la victoria militar israelí.

¿Cuántos presos había en las cárceles de Franco?

Al acabar la guerra civil, en las cárceles españolas había 233.373 presos, la cifra más alta de las que hay registros. A partir de entonces, comenzó un descenso que ya en 1945 situó el número en 54.072, menos de los 60.000 que hubo en 2018. El Rey Juan Carlos dictó un indulto al ser proclamado, por lo que España acabó el año 1975 con menos de 8.500 internos. En el último año completo de Franco como jefe del Estado, que fue 1974, la cifra fue de 14.764. En Francia, el número de presos en 1974 fue de 27.100, casi el doble, cuando la población era superior a la española en un 48%. Es decir, una dictadura encabezada por el militar que había ganado una guerra civil tenía muchos menos encarcelados que una república democrática. En ambos países, entonces, se aplicaba la pena de muerte.

Franco le dijo no al presidente de EEUU para invadir Portugal

El primer Gobierno aliado de los sublevados en julio de 1936 fue el portugués, dirigido por el primer ministro Antonio Oliveira Salazar. Las relaciones entre España y Portugal en los años siguientes fueron cordiales. Durante veinte años, Franco tuvo como embajador en Lisboa a su hermano. La ‘Revolución de los Claveles’ (abril de 1974), que derrocó al Estado Novo, sorprendió a los españoles y al propio Franco; también preocupó a Europa Occidental y a EEUU, ya que Portugal era miembro de la OTAN. En una situación en que el Partido Comunista portugués estaba haciéndose con el poder, el presidente Gerald Ford, acompañado del secretario de Estado, Henry Kissinger, visitó España seis meses antes de la muerte de Franco. Ford, ayudado por Kissinger, pidió a Franco que permitiese que desde España penetrasen en Portugal comandos de marines para desestabilizar este país. El anticomunista Franco se negó en redondo. Aseguró que los mismos portugueses rechazarían el comunismo al sufrir sus consecuencias. El exprimer ministro portugués Mario Soares reconoció en 2014 la decisión de Franco, que salvó la ‘Revolución de los Claveles’.

El jefe de las SS quería ahorcar a Franco

A pesar de la ayuda recibida de Alemania en hombres y armamento, Franco no firmó ninguna alianza militar con el III Reich. La única aportación militar fue la División Azul, enviada al frente oriental «para combatir el comunismo» (1941). En la reunión con Hitler en Hendaya (1940) y las negociaciones posteriores rehusó atacar la colonia británica de Gibraltar o permitir que lo hicieran tropas alemanas para cerrar el Estrecho. Heinrich Himmler, jefe de las SS y de la Gestapo, consideró esta conducta una traición que atrasaba el fin de la guerra. Tan enfadado estaba que le confesó a su médico personal, Félix Kersten, que cuando ganasen la guerra él y Hitler tenían pensado ajustar cuentas con el español: «ahorcaremos al desgraciado de Franco y a sus obispos y cardenales». Otra de sus frases: «¡Este simio español (Franco) no quería abandonar su neutralidad! Al parecer, esperaba conseguir ciertas ventajas con los Aliados. Después de la guerra vamos a mantener unas conversaciones muy serias con algunos países neutrales».

Franco indultó a Carrillo y La Pasionaria

En 1964, con motivo de los 25 años del final de la guerra, el franquismo realizó una de sus pocas campañas de propaganda de buena calidad, los 25 Años de Paz, que llenaron el país de carteles, libros y películas sobre las realizaciones del régimen. Algunos de los afiches estaban escritos en catalán, euskera y gallego. Otro de los actos fue la promulgación de un decreto en el aniversario de la victoria en que Franco declaraba «prescritos todos los delitos cometidos con anterioridad al primero de abril de 1939». Es decir, se permitía así que quienes estaban exiliados por temor a ser juzgados por delitos (robos, asesinatos, incendios, violaciones…) que hubieran cometido en la guerra civil o se les atribuyeran, podían regresar sin preocuparse de las consecuencias penales. El indulto alcanzaba a enemigos del régimen como los comunistas Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri. ¿Por qué no volvieron? Porque quedaron vigentes las responsabilidades por los muertos causados por el maquis y los atentados posteriores. Estas fueron amnistiadas definitivamente en 1977 por una ley aprobada en las Cortes.