HA SIDO DESAFIADA, BURLADA Y VULNERADA

Funerales por la Constitución

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Dejemos de engañarnos y de engañar a los españoles. Lo que el pasado día 6 de diciembre celebramos en el Congreso de los Diputados fue un Funeral de Estado por la Constitución Española de 1978. Doblaban a muerto las campanas del Carrillón del Salón Pasos Perdidos y el personal que deambulaba por ahí era una procesión de cadáveres peripatéticos, viejos fantasmas, enterradores políticos, cobradores de la funeraria y correveidiles de la corresponsalía mediática. El personaje de la coleta reía con dientes de gañán, y recordaba al perro pulgoso de los dibujos animados de la infancia. Un chulo de revólver le afeaba la risa, que era una risa de nervios, la risa floja del anormal que está a punto de derribar el templo con todos dentro, él incluido. Los conspiradores, los felones, los acomodaticios, los supervivientes del naufragio se apretujaban para salir en una foto que nace velada. Un presidente alto simulaba el palo sin velamen de un barco naufragado. Y un rey más alto aún parecía llevar una bandera tras la que nadie o casi nadie quiere ya caminar. La revolución ha dejado de guiar al pueblo.

Teníamos un régimen que había traído la desmemoria (bendita y alabada) y por lo tanto la paz de espíritu y la concordia civil entre los españoles. Teníamos una Constitución que había incorporado a España al reducido grupo de los buenos países de occidente. Teníamos un sistema de libertades, de derechos, de garantías, de protecciones sociales que nos había llevado a vivir civilizadamente. Aquella operación inteligente y generosa que fue la transición ha sido destruida por la inquina, el odio y la estupidez de la nueva izquierda, que vino con aires de regeneración y ha resultado ser una dana que lo destruye todo.

En los últimos años la Constitución ha sido desafiada, burlada, vulnerada y desarmada. La responsabilidad es como siempre de todos: Rajoy, Sánchez, Iglesias (sobre todo Iglesias, el comunismo) y los abyectos independentistas, todos, a derecha e izquierda, son responsables de que la Constitución sea hoy un cadáver. La politización y el servilismo de las instituciones, del Constitucional, del Supremo, de la Fiscalía, del Defensor del Pueblo, del Tribunal de Cuentas, de todos, ha ido cambiando la faz del régimen a base constantes mutaciones constitucionales, de pequeños o grandes cesiones, de arreglos, de chapuzas y de pérdidas de derechos para los ciudadanos. La legalidad ha sido arrasada en Cataluña. La cultura española ha sido desarticulada y ha desaparecido de las aulas. La libertad de cátedra se ha reducido a mera militancia. No queda un resto de objetividad, de equilibrio, de ponderación o de calma. España ha sido desfigurada por el fanatismo. Al Jefe del Estado le mantean como en el cuadro de Goya. ETA ha conseguido imponer su versión de la historia y su modelo político. Al país le han robado su proyecto. Ser español es hoy un esfuerzo sin frutos. El ejercicio de la ciudadanía se limita a votar y a pagar impuestos abusivos, en un expolio tributario que roza el feudalismo. Otra vez el rencor ha vuelto a la política. Y la guerra. Los medios de comunicación son correas de transmisión de la nueva inquisición que llama al linchamiento público de cualquier idea disidente. A los niños se les adoctrina en los colegios. A los padres les tapan la boca con consignas. Ser hombre se ha convertido en presunción de culpabilidad. Una mujer o es feminista o deja de ser mujer. El debate científico ha desaparecido del calentamiento global. Hay personas que okupan las viviendas que otros se compraron. Medio país subvenciona a otro medio mientras una generación trabaja de precario. Nunca los lobbys mandaron tanto como ahora. El decoro personal y espiritual de los políticos ha desaparecido de las Cámaras. Van al Congreso, muchos de ellos, hechos un asco a representar a la Nación y al pueblo que les vota. Hablan muy mal casi todos. Se faltan al respeto. Se detestan, se insultan. No saben razonar. No son inteligentes. Piensan vulgar. Sienten vulgar. Su gregarismo es sectario. Nunca en la historia ha habido una clase política tan lamentable en España. 

Si; la Constitución ha sido ya enterrada. Pedro Sánchez la sepulta día a día, pacto a pacto, de almoneda en almoneda, traición a traición, como un Fernando VII de este nuevo siglo XIX que se nos viene encima. Pablo Iglesias llegó para matarla, como ERC o Bildu, ayudados por el entramado mediático más bochornoso de Europa. Un PP espiritualmente desarmado ha venido a hacer de plañidera. 

Los partidos verdugos disimulan el olor del cadáver constitucional. No solo eso: dicen que van a defender la Constitución, todos a una, como si aun respirara, frente a VOX (que acaba de llegar y ha venido para salvarla del crimen). Hipócritas. Es como matar al padre y esconder el cadáver para quedarse a vivir en su casa. 

Cuando el hijo pródigo vuelve a la casa del padre y se lo encuentra sumido en la agonía corretean las ratas por el escenario.