Galgos y podencos, por Carlos Esteban

|

Apiadado de los pobres mortales, los olímpicos del Tribunal Constitucional y, a toro muy pasado, ha decretado que, en efecto, el gobierno vulneró la Constitución al imponer el Estado de Alarma.

No crean, sin embargo, que el alto tribunal encuentra que el ejecutivo hiciera mal alguno pasándose por el forro nuestros derechos y libertades todo este tiempo para luchar contra una pandemia que no es exactamente la Peste Negra 2.0, en un proceso que se tradujo en una sarta de contradicciones sucesivas, mentiras descaradas, remedios ridículos, récord mundial de muertes, récord europeo de destrucción de riqueza y empleo y otros muchos daños, no: el tribunal llega a decir que los chicos de Sánchez lo hicieron estupendamente, salvando un número de vidas tan agigantado como aleatoriamente escogido que los suecos deben preguntarse de dónde lo sacan.

No, ya digo. La cosa fue anticonstitucional porque para encerrar a toda la población española en arresto domiciliario durante meses, obligarnos a llevar la cara tapada o decidir cuántas personas podíamos acoger en la sagrada intimidad de nuestros hogares tendría que haber usado otro nombre; Excepción en vez de Alarma.

Mientras, Casado, líder de la Aposición, se regocija como el empollón de la clase ante la humillación del zote que ha dado mal la respuesta, le amonesta porque podía haber hecho exactamente lo mismo con otra etiqueta y aún clama por una ley que les permita también a ellos a jugar a Corea del Norte en sus feudos.

Recuérdenme todo esto cuando hablen de ‘patriotismo constitucional’ y otras mandangas.