YA NO CUELA

La caja de Pandora

|

¿Saben lo más gracioso? Que todos los padres están a favor de la idea que subyace al pin parental. Sí, también los Pablos y los Pedros.

Olviden las encuestas según las cuales hay un alto porcentaje -nunca una mayoría- que piensa que los padres no tienen derecho a vetar qué se les enseña a sus hijos. Quienes votan así, o no son padres, o están confiados en que el Estado pensará siempre como piensan ellos, y así enseñará a sus hijos lo mismo que creen ellos y, para mayor regocijo, impondrán a los hijos de los otros sus propias ideas.

La oposición al pin parental -qué nombre más feo, por cierto- me recuerda al entusiasmo con el que los americanos votantes de Bush hijo permitieron ampliar los poderes de la Presidencia porque, claro, iba a suponer una más rápida aprobación de todo aquello con lo que estaban de acuerdo. Pero luego llegó Obama y tuvieron ocasión de lamentar amargamente esta expansión del poder presidencial.

No creo que estos tipos que quieren hacer tragar a nuestros hijos enterita la ideología de género sonrieran pasivos si el Estado, en manos de los otros, les enseñara un encendido y guerrero amor a la patria, por poner un ejemplo obvio. Pero es que lo que subyace a su postura es el convencimiento subconsciente de que el Estado será siempre de izquierdas.

Pero la mecánica concreta del pin es lo de menos. Ignoro si servirá para mucho, soy bastante escéptico en este sentido. Pero también me parece irrelevante. La genialidad de la medida es que se están debatiendo cosas que el sistema, el establecimiento, los poderes reales, tenían mucho interés en que no se discutiera en público, que ni se supiera demasiado. Pero ya se ha abierto la caja de Pandora, otra vez, y ahora no hay modo de cerrarla.