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VAMOS A SALIR ADELANTE

La hora de las familias

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Cuando todo lo demás falla, cuando el mundo desaparece bajo nuestros pies, cuando llega la angustia y el infortunio nos lleva a un rincón de la vida, lo primero que cae es todo lo superfluo. Las vanidades, las soberbias, las egolatrías, las impostaciones, todo lo que no es cimiento se deshace como un azucarillo. Nos creíamos importantes en algo y no era más que una vana ilusión. 

Lo que no falla nunca cuando todo lo demás falla es la familia, es ese regalo divino, ese milagro social, esa estructura que garantiza la viabilidad y la supervivencia del ser humano. Tampoco ahora, cuando parecemos acorralados por esta pandemia del Covid19, fallará la familia. No me equivocaré si afirmo que todo se salvará, finalmente, por la estructura familiar de las sociedades, y que cuanta más y mejor estructura familiar tenga una sociedad, más asimilables serán los daños y mejor la recuperación en todos los sentidos.

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Marx despreciaba profundamente la familia, quizás porque nunca fue capaz de constituir una que mereciera ese nombre. No pocas teorías que pasan por filosóficas o por científicas esconden tras de sí algún tipo de trauma de su autor, alguna oscura historia personal no superada, que condiciona su visión del mundo como si fuera una tara. La izquierda, con su increíble ceguera antropológica, siempre ha considerado que la familia es una estructura más de la dominación de clase. Esa tara les ha llevado a luchar contra la familia desde el origen de sus propios tiempos ideológicos hasta ahora mismo. No otra cosa son las nuevas políticas de género, el aborto o las mal llamadas nuevas modalidades familiares. 

Pero la familia tradicional, la formada por unos padres unidos en matrimonio (hombre y mujer) y sus hijos da un especial cimiento y proporciona una red de afectos y sustentos que las otras no pueden ofrecer, se pongan como se pongan. En estos momentos, las familias españolas volverán a demostrar su fortaleza de ánimo, su espina dorsal, su capacidad para entregar y salvar los destinos de muchas personas, propias y ajenas, porque este es el milagro de la familia, que coopera hacia dentro y hacia afuera de sí misma, y lo hace sin miramientos, sin racanerías, sin miserias. Solo la familia tradicional es, por ello, una familia de fuerte proyección social. 

Desde aquí quiero hacer una modesta llamada a las familias. Todos los que somos familias, sabemos que ya estamos otra vez aquí. Y vamos a salir, como siempre, adelante.

Así que, querido lector, cuídese usted mucho, procure no contagiarse, proteja a los suyos, sobre todo a las personas de riesgo, cuide de sus familias y ayude a los demás. 

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