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ASALTO A LA FINCA

La pandi, de finde. Por Julio Ariza

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No es lo mismo escribir la pandi de finde que el fin de la pandi, pero estas cosas del lenguaje las carga el diablo, y vaya Ud. a saber como terminan los colegas de Quintos de Mora. Donde antes se llevaba uno a Bush, a Blair o incluso a Lula, ahora se lleva a uno a los Ceaucescu para que se hagan amigos de los pata negra.

Al parecer, la división del gobierno en mil banderías es tan profunda que a Iván Redondo no se le ha ocurrido otra cosa que encerrarlos a todos en el fincón de recreo, a ver si entre corzo y corzo (asado, claro está, con su salsa de ciruelas y tal) y entre perdiz y perdiz (escabechada) llegan a hacer buenas migas. Al parecer, Ábalos odia a Iván, Iván quiere terminar con Calvo y a la Vicepresidenta lo que le preocupa es la entrada del vaquero Iglesias y señora en el secreto de la pesoe.

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Es curioso que las teles apenas hayan dado imágenes del contubernio. Alguien les ha dicho que no está bien que los pobres, los marginados, los desheredados en cuyo nombre asaltaron el poder les vean ahora en plan millonetis, posando en la finca, sonriendo mucho y con el vino subido a los ojillos, mientras los criados les sirven con su uniforme y su cofia un tinto de la mejor cosecha y canapés a tutiplén. No; mejor que no salgan en la tele más que una par de imágenes, pero sin regodeo, no se vaya a cabrear el personal.

Hoy ya han empezado las filtraciones, y están todos, los 22 ministros y ministras, cotilleando con sus confidentes mediáticos el despiece del rival político. La reunión se celebró al parecer para conocerse mejor y coordinarse más, o sea, hacer amigos con cargo al pensionista. Eran tantos que no cabían en la casa, ni en la mesa, ni en los salones, ni en los dormitorios, así que al parecer el plan de Iván de estar todos juntos y en unión no llegó a funcionar del todo porque, al final, se hicieron corrillos, grupos entre los que ya eran afines antes del conciliábulo. Era como esas bodas en las que las familias no se mezclan y no hablan entre sí. Salvo Pablo Manuel que iba y venía proponiendo conspiraciones y estrategias, ya está este aquí otra vez, y el Presidente, alto (como el palo de un velero que nos lleva al naufragio), solitario en el fondo (el poder es así), sonriendo pero no demasiado (que nadie se equivoque), y recibiendo la debida adulación y la pleitesía de los convidados. Lo hemos pasado muy requetebien.

Una pena que el grande de Berlanga no esté para filmar con esto la tercera parte de la Escopeta Nacional.

Han pasado de la vivienda de protección oficial de la tía Conchita en Vallecas al casoplón de Galapagar (que es como pasar del pisito de Rafael Azcón a Falcon Crest) de la caja de unos grandes almacenes al Ministerio de igula-dá (que da lo mismo, vamos), y del finde en el camping al finde en el campo (esa manera pija de llamar a las fincas de recreo). Quien te ha visto y quién te ve. Si quiere conocer a fulanito dale un carguito. En fin, podríamos tirar de refranero sabio, pero no es necesario porque todo el mundo puede formarse un juicio ponderado sobre el viaje de esta pandilla desde que asaltó el poder en nombre de los desheredados hasta que ha asaltado la finca.

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