PUBLICIDAD
ABOGADOS QUE SE SUICIDAN Y SUPERESPÍAS QUE SE FUGAN

Las sospechosas relaciones del régimen venezolano con la izquierda española

|

Abogados que aparecen misteriosamente suicidados, superespías que se esfuman sin dejar rastro, blanqueo masivo de capitales, narcotráfico a gran escala, crisis diplomáticas y apagón informativo. Las ramificaciones de la política venezolana en España dan para una colección de novelas de intriga criminal. Hace unos meses fue el sospechoso suicidio del abogado Márquez Cabrera, cuyo testimonio iba a ser vital para conocer el alcance de una red de blanqueo que implicaba directamente a la embajada española en tiempos de Zapatero. Y ahora ha sido la fuga del superespía Hugo Carvajal, fugado a España, requerido por los Estados Unidos y que ha jugado un papel clave en la red de narcotráfico urdida desde el régimen bolivariano.

Según la célebre DEA, la agencia norteamericana contra el narcotráfico, Carvajal era el cerebro de un clan de altos oficiales del régimen venezolano, el llamado Cártel de los Soles, que inundó de cocaína los Estados Unidos. El objetivo del clan era doble: enriquecerse y a la vez debilitar a los norteamericanos. Desde su posición de general de alta graduación, jefe de los servicios de inteligencia y, además, diputado, Hugo Carvajal hizo y deshizo a su antojo. Después, Carvajal se peleó con Maduro y abandonó Venezuela. Cuando los norteamericanos quisieron echarle el guante, Carvajal contrató los servicios del exjuez español Baltasar Garzón, que cobró 1,8 millones de euros por diseñar la estrategia jurídica de su defensa.

PUBLICIDAD

Finalmente Carvajal recaló en España, como otros muchos magnates del régimen bolivariano que han terminado en nuestro país. Entró, según él mismo dijo, con ayuda del CNI, el servicio de inteligencia español. Cierto o no, el hecho es que Carvajal fue detenido el pasado mes de abril por haber entrado con un pasaporte falso. Los Estados Unidos pidieron su extradición. Pero el 16 de septiembre la sala tercera de la Audiencia Nacional decidió denegarla. Curiosamente, a esa sala pertenece la magistrada Clara Bayarri, una de las más significadas defensoras de Baltasar Garzón. Ante la denegación de la Audiencia, la Fiscalía recurrió. El caso volvió a la Audiencia el pasado viernes. Esta vez, la misma sala de la Audiencia Nacional rectificó y concedió la extradición. Pero, sorprendentemente, la noticia se filtró de inmediato a la prensa. Carvajal se enteró al mismo tiempo que la policía. Cuando la policía llegó a casa de Carvajal, el venezolano ya había puesto pies en polvorosa.

Los Estados Unidos han sugerido que el Gobierno español no es ajeno a la fuga de Carvajal. El enviado especial de Washington para Venezuela, Elliot Abrams, ha dicho que este caso es una “gran vergüenza” para nuestro país. El asunto ha suscitado un conflicto diplomático del que apenas nadie está informando en España. Porque al caso Carvajal hay que sumar el blanqueo del dinero del petróleo, la eventual financiación de partidos españoles como Podemos, las cuentas andorranas de los magnates del chavismo y la presunta implicación de la embajada española en tiempos de Zapatero. Hay muchas preguntas sin responder. ¿Por qué Zapatero ha ejercido de mediador entre el régimen de Maduro y la oposición venezolana, en claro beneficio del primero? ¿Qué hace exactamente Baltasar Garzón como abogado de la petrolera de Venezuela? De momento, ya hay un abogado suicidado y un superespía fugado. Y un estruendoso silencio en los medios más afines a la órbita gubernamental española.