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¿CABE MAYOR FALTA DE SENSIBILIDAD?

Los viejos abandonados por el Estado y la contribución de TVE. Por Julio Ariza

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Las personas que cuidan de sus mayores en casa, aquellas que no les han enviado a una residencia y han decidido volcar su vida en la atención de sus viejos, llevan diez años sin recibir ayudas y son los grandes olvidados del Estado del Bienestar, el mismo Estado que riega a las ONG y asociaciones ideológicamente afines al poder con miles de millones de euros al año. La Autoridad Fiscal Independiente denunció que del total de 30.000 millones de euros anuales que gasta el Estado en subvenciones, 14.000 millones de ellos se encuentran fuera de control y carecen de la más elemental transparencia. En una sociedad envejecida no tiene justificación que mientras 14.000 millones están fuera de control, las familias que cuidan de sus ancianos en casa carezcan de ayuda o subvención alguna. 

Cuando una sociedad tiene además que enfrentarse a situaciones tan duras como la crisis sanitaria del coronavirus, es lícito cuestionarse la necesidad y justificación de ese injusto reparto de los recursos públicos: una asociación afín al poder consigue todo tipo de subvenciones; un particular que cuida de sus mayores, ninguna. ¿No sería más razonable entregar directamente el dinero a las personas necesitadas, sin intermediarios ideologizados que actúan como agencias de colocación de los amigos políticos y como grupos de poder en la sombra en favor del gobierno de turno? 

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Por ejemplo, la COGAM, que es la ONG madrileña protagonista y promotora del día del orgullo gay y que tiene importantes vínculos gubernamentales, recibe unos 300.000 euros anuales, el 66% de sus ingresos, mientras existen viejos homosexuales que viven desasistidos, sin ayuda alguna, abandonados.

Entre Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad se gastan más de 1,1 millones en un cúmulo de asociaciones y ONG como la Federación Scouts de España y la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales. 

El Estado destina casi 7 millones de euros a programas de difusión de la dramaturgia, teatro y actividades circenses de las empresas privadas, y 30,4 millones de subvención a la Liga de Fútbol. Economía destina 15 millones al Fondo Verde del Clima. Se dedican más de 300 millones para ayudar a los costes de explotación de las sociedades mineras productoras de carbón. Y se financian con casi tres mil millones los costes del sector eléctrico y con otros 736 millones los extracostes de generación eléctrica. 

No solo eso: El recibo de luz de Moncloa asciende a más de 6 millones de euros. ¿De verdad que no se puede ahorrar un poco en esto? El concierto sanitario privado del presidente del Gobierno es de 150.000 euros (¿hace falta realmente ese gasto?), mientras que la cobertura informativa de sus actos nacionales e internacionales cuesta 39 millones. 

¿De verdad que no queda nada para nuestros mayores que están siendo cuidados en casa por sus hijos?

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Y un apunte más: Hacienda financia con más de 300 millones la nueva corporación de TVE, que sigue batiendo récords en bajada de audiencia y cuya mayor aportación informativa en tiempos de coronavirus ha consistido en explicar cómo tratar el cadáver del familiar que se ha muerto por la pandemia: la cita es literal: “Depositar el cadáver en una cama; esperar a que lleguen los servicios funerarios; introducir el cadáver en una bolsa estanca; sellar la bolsa con silicona y cinta americana; los servicios de la funeraria se encargarán de llevarse el cadáver lo antes posible” oiga, y usted a relajarse y esperar… ¿Cabe una mayor falta de sensibilidad hacia esas familias que tienen un enfermo grave en casa o que lo han perdido ya, mayor desprecio al sentimiento del dolor ajeno por la pérdida de un familiar querido, mayor indiferencia y mayor frialdad? 

No solo han perdido el control de la situación. Lo que han perdido realmente es la cabeza.