MUTILAR LA LIBERTAD

¿Memoria democrática? Por Julio Ariza

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Ahora que Pedro Sánchez nos amenaza -Carmen Calvo mediante- con esa nueva modalidad de censura selectiva que es la próxima ley de “memoria democrática”, habrá que ir poniendo los puntos sobre las íes a estos pequeños adanistas sin perspectiva histórica alguna, sin dimensión política, sin sentido de estado y sin memoria…
Lo primero es que la memoria no puede ser nunca democrática. La memoria es siempre una experiencia subjetiva, un recreación individual de los recuerdos, una reelaboración del pasado cuya única -e inviolable- legitimidad consiste en su carácter puramente personal. Una mezcla de hechos, mitologías, experiencias y ensoñaciones, y también de deseos. Eso es la memoria. Decir que la memoria pueda ser democrática es tanto como afirmar que la imaginación pueda ser totalitaria. Son conceptos, uno psicológico, el otro organización del estado, que no se pueden superponer. Agua y aceite.

Si es memoria no es democrática. La memoria no es un hecho social o colectivo. Lo único democrático de la memoria es que cada cual pueda tener la suya.

Si es memoria no es historia. La memoria apunta al pasado pero también al presente y a porvenir, y además es puramente subjetiva, opinable, mudable…

Cuando el gobierno habla de memoria democrática lo que está anunciando es la sustitución de la historia por la ideología y la disolución de la memoria individual en el cuerpo dogmático de la doctrina, que es lo propio de los regímenes totalitarios. Cercenando la historia, se limita la libertad (de pensamiento,de creación y de expresión). Por eso, uno de los grandes pecados de Mariano Rajoy fue no derogar la ley que ahora este gobierno de desequilibrados quiere endurecer, y anuncia una censura en toda regla.

Van a ilegalizar la Fundación Nacional Francisco Franco para que nadie se desvíe del pensamiento oficial sobre el juicio al régimen.

Van a anular las sentencias “franquistas” pese a que ello suponga la mayor vulneración de la división de poderes desde tiempos de la monarquía absolutista de Fernando VII.

Van a suprimir títulos nobiliarios como si fueran reyezuelos del antiguo régimen.

Van a retirar condecoraciones, como se arrancaban medallas y suprimían honores en las viejas asonadas cuarteleras.

Van a cambiar el significado del Valle de los Caídos (arrancando esa Cruz) con la misma ferocidad con que los conquistadores construían sus palacios sobre los vestigios de las civilizaciones anteriores, o con que los talibanes hacían volar por los aires los famosos budas. Cuenta una teoría que la nariz mutilada de la Gran Esfinge de Giza no es obra ni de la casualidad ni del paso del tiempo, sino que alguien la rompió para que el faraón Kefrén, representado en ella, no pudiera respirar desde el otro mundo, y muriera para toda la eternidad. En esas estamos ahora. Pero mucho cuidado, en la mitología griega, tocar una esfinge daba mal fario. Gafaban para siempre a quienes ponían sus vengativas manos sobre ellas.

España se adentra con esta nueva ley en un oscuro túnel, donde en nombre de la democracia se mutila la libertad y se termina con la igualdad. A partir de ahora una España vuelve a silenciar a la otra, ya se sabe lo que nos dejó escrito Larra, como lección patriótica de primer orden; aquí yace media España, murió la otra mitad.

No pensaba yo que estas alturas una de las dos Españas, la de la revancha de la izquierda, fuera a regresar al gobierno para helarle el corazón a las demás.

La excusa es la mal llamada “memoria democrática”; lo nuclear es expulsar del sistema la libre opinión del disidente, y la sustitución del régimen constitucional por el bolivariano.