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LOS GRANDES TRIUNFADORES

Pablo Casado y Santiago Abascal: el debate indica la concentración del voto en los dos. Por Julio Ariza

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Fueron los grandes triunfadores del debate de a cinco y deberían ser los grandes aliados después de las elecciones para formar gobierno y resolver los problemas de España. 

Pablo Casado, mucho más maduro que en las pasadas elecciones, mucho más hecho como candidato y como líder político, ha encontrado su lugar en el centro-derecha. Primero recogió los escombros de un partido destruido por la infamia del marianismo, luego fue apartando a los responsables de la demolición del edificio y finalmente ha ido reconstruyendo los cimientos y las paredes. Yo he sido crítico con él. Porque creo que la crítica, cuando es honesta, es imprescindible, y creo que esa crítica ha contribuido además a que enmendara determinados errores. Podremos no coincidir, y no coincidimos, en todo con él, porque nos gustaría una mayor convicción en determinadas cuestiones ideológicas, como la memoria histórica, las legislaciones de género y el derecho a la vida, pero es un político decente, un candidato digno y una persona respetable a la que se puede votar. Pablo Casado es confiable. Eso es lo que mostró en el debate. Que está preparado y que es un buen político, además de una buena persona. A Pablo Casado, sin embargo, a su partido, le faltan muchas cosas y le sobran demasiados complejos, demasiados miedos, demasiadas prevenciones y un infundado respeto a la falsa superioridad moral de la izquierda. Quiebra en la memoria histórica, quiebra en la defensa de un modelo cultural y social alternativo al de izquierdas y quiebra ante la ideología de género, por ejemplo. Ese es su gran déficit político. Y es ahí donde se encuentra con Santiago Abascal, el otro gran ganador del debate.

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Lo que ganó de Santi fue la honestidad y la profundidad de sus convicciones, su hondo amor a España, su claro talante democrático, su cercanía a la gente a la que no puede fallarles la nación, porque se quedan a la intemperie. Abascal habla sin complejos, con el valor de los principios, y no reconoce esa falsa superioridad moral de la izquierda. Defiende la indignidad y falsedad de una versión abyecta de la memoria histórica, rompe el mito de la política de género y del impostado feminismo radical, defiende el derecho a la vida desde su concepción hasta el final, y es un hombre tranquilo, que sabe muy bien el proyecto de país que quiere para los españoles. Tiene un modelo social alternativo al de la izquierda. Nadie le va a doblar el pulso, ni separatistas, ni comunistas, ni progres, ni grandes corporaciones, ni organizaciones internacionales. Sabe muy bien que el interés sagrado para un político es el interés superior de España y de los españoles, y va a defenderlos a brazo partido en España y fuera de España. Quiere cuidar de nuestro país y de nuestros paisanos. Ha tenido el valor de crear de la nada un proyecto político que está más allá de la tradicional división entre derechas e izquierdas, porque lo suyo es un proyecto nacional, integrador, para sacar adelante a la gran clase media española. Cree en la reconciliación y en la paz, y las defiende frente a la avalancha irrespirable de la izquierda burguesa.

Hasta este momento, muchos apelaban a la utilidad del voto para no votar en favor de Santiago Abascal y sí hacerlo en favor del PP o de Ciudadanos. La cuestión ahora, con 24 escaños en el Congreso y contribuyendo a los gobiernos en clave nacional como Andalucía, Madrid (Ayuntamiento y Comunidad) además de multitud de ayuntamientos, ha cambiado.

Pero sobre todo, la situación electoral ha dado un giro de 180 grados. A partir del 12-13 por ciento de voto, que VOX ya ha alcanzado en todos los sondeos y supera en no pocos, el voto a VOX es un voto de concentración, un voto de suma, un voto útil, para cuya transformación en escaños nuestro sistema electoral empieza a jugar a favor. Cuanto más voto reciba a partir de ese umbral, más fácil le será sumar mayor cantidad de escaños. Justo lo contrario de lo que le está sucediendo a Cs. Albert Rivera está al borde de la insignificancia representativa, cuando no de la práctica desaparición, y votarle ha dejado de tener sentido electoral: votar a Ciudadanos es, consideraciones ideológicas aparte, tira el voto en términos de su transformación en escaños. 

Es decir, según todas las encuestas el voto útil ahora se concentra en el Pablo Casado y en Santiago Abascal, mientras que Albert Rivera se ha situado en esa situación en que miles de votos a Cs irán a parar al limbo de lo inútil.

En consecuencia, lo que el debate dejó entrever  es que los dos candidatos que lo ganaron, Santiago y Pablo, son además los únicos capaces de convertir el voto en voto útil, y que votar a Rivera, el gran perdedor del debate, es tirar el voto.

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Esa es la gran conclusión del debate: concentrar el voto en los dos ganadores es lo único que puede derrotar a la izquierda y al separatismo. Sólo esa concentración del voto en Casado y Abascal puede dar lugar a un Gobierno entre ambos para salvar a este país. La ley electoral así lo impone y España lo necesita realmente.