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LO DEL CASOPLÓN FUE SOLO EL PRINCIPIO

Pablo Iglesias, de la vida de barrio a vivir como un pijo. Por Julio Ariza

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Lo primero era dejar el barrio, salir de allí, alejarse de los muchos baretos repletos de albañiles con los restos del yeso entre las uñas, de los currelos vestidos con sus monos azules y raídos, de los jubilados que juegan a la  brisca, de los parados que se pasan la tarde deambulando. 

Lo primero era irse a un lugar donde la línea de metro no llegara.

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Hubo que conseguir un banco, una caja de amigos (el capitalismo de amiguetes) para la supuesta hipoteca. Escriturar en lo que fuera conveniente. Y cambiar el bareto con el baño maloliente al fondo por el jardín de lujo con piscina y tinaja donde poder darse una sauna a cada rato.

Luego llegó la cosa de la escolta (estática y dinámica), los coches oficiales (dos), la Guardia Civil de Lorca con su charol a la puerta del chalet, con su caseta portátil y su frío. 

Llegaron como adalides de la regeneración, de la transparencia, de la honestidad, de que hay que estar en política por convicciones, y era todo mentira. Hoy publicamos una información según la cual los podemitas llevan dos años sin explicar sus cuentas en el portal de transparencia, como obliga la ley. El que algo esconde, algo teme. 

¿Va a decir algo el asunto el Consejo de Transparencia, la Oficina de la Transparencia, el Observatorio de la Transparencia, alguien? ¿Van abrir expediente a Podemos y a obligarle a publicar cuenta y facturas?

No cumplen la ley, pero tampoco, al parecer, su propio código ético, en cuya virtud iban a ceder parte importante de sus ingresos de diputados al partido (establecieron la regla de no embolsarse más del triple del salario mínimo, o sea unos 2.700 euros). De aquellas promesas no queda nada, salvo el silencio y la falta total de transparencia. Tampoco se sabe en qué gastan estos señoritos el dinero (mucho) que recibe el grupo parlamentario (una información opaca) para gastos. ¿Sabe alguien si se lo gastan en los bares cool del barrio de las letras, los restaurantes de moda, los hoteles lujosos, las vacaciones o las escapaditas de fin de semana? Nadie lo sabe, porque nadie sabe o tiene acceso a las facturas de los señores diputados de Podemos. 

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Estos días se ha sabido que Macholfa Vuelve ha descubierto la cremita de cara todas las mañanas, el body milk para su delicado cuerpo después de cada ducha o baño (en ‘Villatinaja’ uno se puede bañar a todas horas), y que le ha cogido cariño a las corbatas (atrás quedaron aquellas palestinas, ¿recuerdan?) eso sí, con el nudo colocado a modo del señorito que vuelve de una juerga a las 10 de la mañana.

Ahora se os ve vestidos de otra ropa, otro calzado, otras marcas distintas. Te recortas la barba, te cuidas la coleta, te acicalas como un verdadero petimetre ante el espejo. De haber nacido antaño, ¿habrías querido ser todo un Luis XVI y ella María Antonieta? 

Dicen ahora los que entienden de dientes que se está gastando un dinero en arreglarse los piños, que hasta la fecha los tenía sucios, amarillos, y en posición rompanfilas. Y mírenle ahora, sonriente, radiante, con la fila toda de marfil alineada y blanquecina como una estrella de Hollywood.

¡Ay, Pablo! Ese oscuro objeto de la burguesía os tiene prisioneros. Podemos vivir como los pijos. 

¿Cuánto cobras –con todos sus complementos- como presidente del grupo parlamentario? ¿Cuánto cobra Irene como portavoz? ¿De verdad donáis los que excede de 2.700 euros brutos al partido? ¿Dónde están las cuentas? ¿Por qué las escondéis? ¿Cómo pagáis la hipoteca?

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Evidentemente, lo del casoplón de Galapagar fue solo el principio. 

Os habéis transformado en unos pijos a costa los pobres que os votaron.