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MERECE UNA CACEROLADA

Pablo Iglesias, el diseminador. Por Julio Ariza

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Antes de llegar ignominiosamente al gobierno, Pablo Manuel Iglesias se dedicó a resucitar el odio entre españoles, desenterrar la guerra civil e insultar al contrario. Fue el peor de los inquisidores. Se trataba de acabar con la convivencia y de sacar el lado más oscuro de los españoles para llegar al poder. La mala educación, la mala baba, el mal gusto, la feroz demagogia, el fanatismo verbal y la vulgaridad intelectual fueron sus señas de identidad más destacables. Ahora, alcanzado el poder, está demostrando que no solo es un tipo grosero y sin cultivar sino que además es un peligro público que debería estar confinado en algún sitio. 

Estos días aciagos, con la compañera Irene seriamente infectada, él, que ya está en clara zona de riesgo, ha decidido actuar poniendo su ego por encima del interés general, como si tuviera bula. No se puede salir, pero él sale (porque él lo vale) donde, cuando y como le viene en gana. Los españoles en casa; él, con el chófer, a dar entrevistas, salir en las teles, ir al consejo de ministros y lo que se tercie, compañeras y compañeros. 

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Este político se comporta, cuando menos, temerariamente. ¿Acaso la epidemia del coronavirus no va con él? En su actitud late un injustificable desprecio hacia el resto de la población. El inquisidor Iglesias siente la impunidad del que cree estar situado más allá del bien y del mal, y más allá de la ley. 

O es asintomático (y lo sabe) y entonces le importa un bledo poder diseminar el virus al resto de la población, o tiene síntomas y lo oculta y los disemina a sabiendas. O es un imprudente o es algo peor. 

Mucho me temo que Iglesias Turrión pueda estar incurriendo, con sus apariciones públicas a tutiplén, sin mascarillas, sin guantes, sin distancias mínimas, vulnerando todas las medidas preventivas, en algún tipo de infracción legal.

Un eje básico del Estado de Derecho es que las normas deben ser acatadas y cumplidas no solo por el común de los ciudadanos sino también por las autoridades. El hecho de ser vicepresidente no le exime en absoluto de someterse a los decretos del Consejo de Ministros, que tienen rango normativo y vinculan a todos los españoles, también a él.

¿Quién multa al Sr. Iglesias? Este señor debería estar confinado, como lo están todos los españoles y, sobre todo, los que tienen en casa un caso de contagio, como lo tiene él.

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La Ley 33/2011, de 4 de octubre, General de Salud Pública señala, entre las infracciones muy graves, sancionadas con cantidades que van entre los 60.000 y los 600.000 euros:  1.º La realización de conductas u omisiones que produzcan un riesgo o un daño muy grave para la salud de la población. 2.º El incumplimiento, de forma reiterada, de las instrucciones recibidas de la autoridad competente, si este comporta daños graves para la salud. 

El Decreto recientemente aprobado por el Gobierno por el que se procede a la declaración del estado de alarma contiene así mismo previsiones sancionadoras para quienes incumplan sus prescripciones, y las instrucciones de los ministros encargados de la gestión de la crisis son claras al respecto.

¿Denunciamos y abucheamos a esa vecina que baja al patio a respirar o a esos irresponsables que salen a la calle a dar una vuelta o suben a la sierra a pasear, y nos callamos cuando un vicepresidente del gobierno se pasa la cuarentena por el forro?

Ya puede este personaje unir a todos sus títulos políticos, el de “diseminador” de coronavirus. Merece una cacerolada.

Muchas gracias, D. Pablo Manuel. Es Ud. Un gran hombre.

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