ANTES DE LLEGAR AL GOBIERNO

El comunista Pablo Iglesias se vende a las eléctricas

|

El hombre que iba a asaltar los cielos e iba a poner en jaque al gran capital, el justiciero que nunca cedería a los intereses de las grandes industrias multinacionales de la energía, el incorruptible, el puro, el adalid de lo más desfavorecidos que prometía en su programa electoral la creación de una gran Empresa Nacional Eléctrica para acabar con el oligopolio privado y defender a los sumidos en la pobreza energética, ese mismo, se ha vendido –y ha vendido a sus electores y su programa de gobierno- a las grandes eléctricas que dominan el mercado de la energía. 

El programa electoral establecía, en efecto, como uno de los pilares fundamentales en materia energética, la creación de una Empresa Pública Eléctrica. Y añadía, para justificar su creación: “Con un mercado eléctrico dominado por un oligopolio privado… es necesario configurar un nuevo marco institucional y productivo bajo un control democrático. En el caso de la empresa pública eléctrica, esta será, un agente esencial a la hora de emprender esta transformación. Así, esta empresa desempeñará un rol activo en la instalación de energías renovables, empujará hacia la transformación del mercado eléctrico y hará posible que cumplamos los objetivos fijados…también se ocupará de implementar una factura de la luz más baja y de garantizar que nadie sufra pobreza energética”.

El comunista Pablo Iglesias siempre ha mentido a sus electores y a sus militantes en este y otros puntos. Todo en él es instrumental. Todo vale para tomar el poder. Esa promesa ha sido un deliberado brindis al sol, un enorme farol, un gancho electoral habida cuenta de que cualquier pacto de gobierno con el PSOE implica necesariamente el apoyo del PNV, uno de cuyo máximos representantes es precisamente Josu Jon Imaz, exconsejero de Industria del Gobierno Vasco, expresidente del Euskadi Buru Bartzak (órgano máximo del PNV), el de la gran puerta giratoria que Iglesias dice combatir, y hoy Consejero Delegado de Repsol. A nadie se le escapa que Repsol, una de las dos grandes empresas energéticas españolas, sería la gran perjudicada por la creación de la empresa pública que proponía Podemos. La otra gran perjudicada sería la eléctrica vasca Iberdrola, llena de altos ejecutivos peneuvistas y con multitud de lazos, afectivos y económicos con el Partido Nacionalista Vasco. (Iberdrola sigue aún bajo control, por cierto, de Ignacio Sánchez Galán, protagonista del escándalo Villarejo, al que con la boca pequeña Iglesias tilda de cloaca del Estado y acusa de haber querido terminar con Podemos).

Pues Iglesias, antes de llegar, ya se ha rendido, y no solo al protagonista de la gran puerta giratoria (Imaz), sino también al jefe de Villarejo, Galán, además de al poder oligopólico de las dos grandes y espléndidas empresas energéticas españolas que este chavista quisiera destruir. Pablo Iglesias acaba de aceptar que el que paga manda y que si quiere llegar tiene que ponerse la librea.

Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. 

Ya el 10 de octubre de 2018, en el Pacto Iglesias-Sánchez para los Presupuestos Generales del Estado de 2019 (aquellos que el líder comunista fue a negociar a Soto del Real), desaparecía, bajo gran floritura verbal, la creación de la empresa pública para combatir los intereses oligopólicos del mercado energético español. 

Ahora, para salir del paso escénico de la debacle electoral de las dos izquierdas, sus señoritos se han fundido en el abrazo más patético de la historia reciente, el abrazo de dos boxeadores sonados. Y han firmado un documento de aquí te pillo aquí te mato, del que también desaparece la promesa electoral, tan cacareada por el gallo Iglesias, de crear una empresa nacional de energía para acabar con el poder de los oligopolios privados en ese mercado. Poco ha durado, efectivamente, la promesa electoral que incluso defendió en el debate. Hacía falta, para la investidura, el apoyo del PNV, y por tanto el visto bueno de las dos grandes eléctricas citadas. Y el leninista no lo dudó.

“Oye, Aitor, que no se hable más, firmamos sin la nacionalización y que se haga la luz.”

No solo se va del pisito del barrio al casopolón de Galapagar, sino que para poder llegar a la Vicepresidencia ha comenzado rindiendo pleitesía a los oligopolios eléctricos por un carguerte al frente de un gobierno que nace sonado y que será corto. Y luego habla de los mayordomos del poder.  

Iglesias ha doblado la cerviz, “sí Señor Galán; sí Señor Imaz”, justo antes de entrar al comedor de las lámparas de araña.  O César o nada. Pues nada.

(Una vez se ha entregado a las eléctricas a través del PNV, los demás ya se saben el camino).