LOS MEDIOS, UN ARMA PARA LA VICTORIA

Propaganda de guerra: así manipula el Gobierno a la sociedad española. Por José Javier Esparza

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El Gobierno Sánchez siempre ha prestado más atención a la estrategia de comunicación que a cualquier otra dimensión de la política. La crisis del coronavirus ha llevado esto hasta el extremo. Ante la evidencia de una calamidad sin precedentes desde la guerra civil, el sanchismo ha optado por una solución radical: utilizar los mecanismos clásicos de la propaganda de guerra.

1- Esto no es una crisis sanitaria. Esto es una guerra

En efecto, según el discurso oficial no estamos ante una pandemia, no estamos ante una crisis sanitaria. Estamos ante una guerra. Sánchez lo ha llamado literalmente así: guerra total. El discurso de guerra tiene un efecto propagandístico inmediato, y es que queda prohibido disentir. En una guerra total, sólo cabe callar y arrimar el hombro, y aplaudir con entusiasmo. En este sentido, el decreto del estado de alarma facilita mucho las cosas.

2- El pueblo no opina. El pueblo aclama

Desde el primer instante, los medios afectos al poder han puesto especial énfasis en una misma escena: el pueblo, confinado en sus casas, aplaude todos los días y afronta con ánimo festivo la gran crisis. No protesta, no critica, no disiente: aplaude a sus bravos líderes, como en cualquier reportaje de propaganda de guerra donde la población civil aplaude a sus soldados.

3- El jefe no es culpable. El jefe nos guía

¿Quién está al frente? ¿A quién pedir responsabilidades? No al presidente del Gobierno, no. El presidente no está al frente, sino por encima. Comparece ante los ciudadanos para predicar consignas morales y para dar ánimos, pero no para asumir responsabilidades. Así intenta salvar su figura de la quema. Pero entonces… ¿quién está al frente?

4- No hay política. Hay decisiones técnicas

Los “expertos”. Los “técnicos”. Continuamente se llenan la boca con estas palabras. Inicialmente, el Gobierno decidió crear un consejo de ministros reducido para gestionar la crisis e incluso asumir un “mando único”, pero enseguida se vio que eso tenía un fuerte coste político. De manera que Sánchez optó por enmascarar su gestión detrás del “cuadro técnico”: un guardia civil, un científico, un policía, un militar, todos compareciendo a diario para arropar al político que desgrana los datos. ¿Quién va a criticar a toda esa gente? Son servidores del Estado, gente entregada, incluso ellos van cayendo de vez en cuando víctimas del virus.

5- No hay muertos: hay curvas y estadísticas

Envuelto en la asepsia del cuadro técnico, el responsable político directo de la crisis, que es el ministro de Sanidad, se limita a enunciar acciones, medidas, compras… y curvas. Porque en esta guerra no hay muertos, sino gráficos. La crudeza de las vidas que se extinguen queda neutralizada, cosificada, en la gráfica indolora de un cuadro de Excel. No combatimos contra la muerte, sino contra una curva que hay que doblegar. Los muertos no existen, porque no se ven. Y si alguien los saca a colación, entonces no cabe duda: es un derrotista, un traidor, un agente del enemigo que merece la reprobación del pueblo.

6- Todo disidente es un traidor

También en esto el Gobierno ha repartido los papeles: el presidente, que flota por encima de los acontecimientos, pide pactos y unidad, mientras su portavoz Adriana Lastra insulta a aquellos mismos cuya lealtad se requiere. No es contradictorio, porque, una vez más, esto es la guerra, y sólo cabe estar conmigo o contra mí.

7- Los medios de comunicación: un arma para la victoria

Todo esto no sería posible sin una intensísima cobertura mediática. El Gobierno ha estrechado el lazo sobre los medios públicos y también sobre los medios privados que lo son afines, ha anunciado millonarias subvenciones a las corporaciones mediáticas e, incluso, se ha aplicado a ejecutar la censura sobre las redes sociales, todo ello para asegurarse que su mensaje llega como él desea. Desde hace más de medio siglo no se veía una obediencia tan unánime en los medios de comunicación.

¿Logrará la propaganda gubernamental manipular a la opinión pública, mostrarle una realidad que no es? Es dudoso: los damnificados por la gestión del Gobierno suman cientos de miles. Al final, la realidad es la que es: una pandemia global de singular dureza ante la que el Gobierno reaccionó tarde, multiplicando sus daños, y que después ha gestionado mal. España es el país del mundo con mayor proporción de muertes por millón de habitantes. También es el país más dañado económica y socialmente por esta crisis. Son hechos objetivos demasiado abultados como para ocultarlos tras una operación publicitaria. Porque, no, esto no es una guerra.