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LA PANDEMIA NO ES UNA FICCIÓN

Un Consejo de Ministros realmente alarmante. Por Julio Ariza

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Cuentan que una de las estrategias de Voltaire era tratar a las personas, individual y colectivamente, como si ya fueran aquello que él pensaba que debían llegar a ser: se trataba, en fondo, de incitarlas a que llegaran a serlo cuanto antes. Si quieres que un adolescente se comporte como si fuera adulto, trátale como adulto; si quieres que un país se comporte como una nación, dirígete a él como una nación. Pero si te diriges a los ciudadanos como si fueran medio lerdos es que quieres convertir la sociedad en un rebaño de dóciles borregos manejables.

La comunicación que el gobierno ha hecho hasta la fecha del coronavirus ha sido un lamentable ejemplo de esto último. El Dr. Simón, que científicamente será muy bueno pero desde el punto de vista político es una auténtica calamidad, se ha venido dirigiendo a los españoles, por orden y en representación del gobierno, no solo ocultando la realidad de lo que se nos venía encima, con esa obsesiva llamada a la calma, como si fuéramos bobos, sino acomodando la información a la conveniencia política de los intereses de la coalición socialcomunista. El momento culminante de esta estrategia se dio con la irresponsable convocatoria y asistencia a las masivas manifestaciones del 8-M: al parecer, es más importante demostrar el alto grado de feminismo de la muchedumbre militante que contener la infección. Es casi seguro que, de haber prohibido la misma, hoy la velocidad del contagio sería menor. Y en consecuencia el colapso de la sanidad sería también de menor entidad y angustia.

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Pero para este gobierno de adolescentes altamente ideologizados era más importante el movimiento de masas que la salud de la sociedad. Esa manera de concebir la política es altamente peligrosa. 

Está claro que vivimos una pandemia mundial, pero mientras Rusia cerró fronteras nosotros celebrábamos manifestaciones en todas las ciudades españolas al grito de “no pasa nada”, y la gente iba y venía en avión de Milán sin ningún tipo de precaución o control. Volvamos a Voltaire: si quieres que la gente no se preocupe, trátales despreocupadamente. Si el gobierno nos dice que apenas se esperan casos en España, la gente apenas tomara medidas. 

Ahora, cuando el contagio les ha llegado a casa, llegan las angustias. Pero ni si quiera en esas circunstancias han sido capaces de mostrar un mínimo de madurez gubernamental, de sentido de Estado, de esa capacidad de estar a la altura que es esperable en los miembros de un gobierno en situación de crisis nacional. Ayer nuevamente dieron el espectáculo. Pablo Iglesias, en lugar de quedarse en casa como cualquier español en cuarentena y con la mujer infectada se presentó sin mascarilla y sin guantes en el consejo de ministros (que ya era multitud y ahora es tumulto), y se dedicó, cuentan las crónicas, a bloquear medidas, querer imponer ideologías, requisar empresas y pedir su cuota parte de poder y de protagonismo en la gestión de la crisis.  Hubo pelea de egos y de gallos, mientras el decreto se retrasaba y los españoles, atemorizados, esperaban con los televisores y las radios encendidas. Ver a toda esa gente reunida en Consejo de Ministros, al parecer peleándose por cuotas de poder en uno de los momentos más delicados del reciente historia de España y mientras la sociedad española solo puede confiar en ellos porque se ha puesto en sus manos, era ciertamente alarmante. 

Al fin salió Pedro Sánchez. Adelantó el decreto del estado de alarma utilizando un tono como si fuera Churchill con el sangre, sudor y lágrimas. Alguien le ha dicho que es un gran actor, pero los españoles estamos para poco teatro y la pandemia no es una ficción.

Presidente: póngase a trabajar en serio, mande a los podemitas a sus casas, trate a los españoles como seres adultos, como individuos que forman parte de una sociedad y se integran en una gran nación (no en un caos de baronías y taifas). Dirija de una vez este país como si fuera grande, poderoso y noble, que lo es, y ponga orden en el gobierno. 

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De lo contrario, váyanse todos a sus casas, confínense con sus familias, y que el país lo dirija, como en el 23-F, un gobierno interino de subsecretarios, que al menos gestionará la cosa pública olvidándose de las estupideces ideológicas y de las cuotas de poder.

Y otra cosa: está bien decir que entre todos vamos a derrotar la pandemia, pero entonces hay que actuar en consecuencia. Facta, non verba.