Ya no cuela

Et ne nos inducas in tentationem. Por Carlos Esteban

Aborto
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Las redes sociales son un invento estupendo si se usan bien, pero es necesario ejercer la moderación y la prudencia cuando uno se sumerge en ellas.

Hablo por mí, en primer lugar. Uno va tranquilamente navegando por sus aguas procelosas, en busca de nada en particular, de noticias o puntos de vista interesantes, y a la menor se topa con imágenes perturbadoras o mensajes que nos incitan poderosamente a abandonar el camino recto. Me acaba de pasar.

Soy de siempre antirrevolucionario, creo que la historia de las revoluciones es la prueba de cómo los libertadores de hoy se transforman a toda prisa en los tiranos de mañana, de cómo el caos, lejos de acabar con las injusticias, puede ser la partera de las más insoportables opresiones. Y sin embargo.

Leo tres artículos del nuevo proyecto de ley sobre el aborto. No importa que ya esté hecho a la idea de que nos gobiernan nuestros enemigos: esta brutal conversión del ser humano en una mercancía desechable a capricho, esta ciega preferencia por la muerte, cuando en Estados Unidos asoma la posibilidad de que este régimen de cosificación de los más vulnerables llegue a su fin, me estremece.

Y, unos tuits más abajo, las imágenes tentadoras, seductoras, fatalmente atrayentes, que nos llegan desde Sri Lanka, donde los indignados ciudadanos arrojan al río los coches de los miembros del partido gobernante. Y uno, débil y pecador, fantasea.