Hacia el gran reseteo

Imagen del portal del Foro Económico Mundial sobre ese 'Gran reseteo'
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Es importante reflexionar sobre los acontecimientos que durante los últimos meses han acontecido. Así, el escenario caótico desatado por la pandemia ha dado pie a que se sucedan eventos políticos a una velocidad que apenas si nos da tiempo a procesar y contextualizar en el tiempo. La única respuesta posible del ciudadano, desprovisto de todo poder y cada vez más derechos mermados, queda reducida a una rebelde publicación en redes sociales para desahogar la rabia e impotencia ante semejante espectáculo.

Día tras día nos someten a una oleada de noticias contradictorias de las que, como mucho, vamos a quedarnos con el titular que más nos dé la razón en función de ideas preconcebidas con las que acudimos ávidos de información a nuestros móviles u ordenadores. Como resultado, tenemos una sociedad que vive permanentemente confusa y, sobre todo, distraída. Tal vez sea este el preámbulo de lo que el Deustche Bank bautiza ya como la Era del Desorden o la Era del Caos. El tiempo dirá si los analistas del banco de inversión tienen mayor o menor acierto en su pronóstico, pero ya hay indicios de que nivel socioeconómico vendrán años de cambios que harán que el mundo que conocemos desaparezca para no volver. No hay voluntad para volver a la normalidad, sino agentes económicos internacionales con la voluntad de catalizar tendencias cuyo resultado será una sociedad irreconocible comparada con el hoy y el ayer. Buena prueba de ello es lo que ya públicamente denominan como “El Gran Reseteo acordado en Davos, en el Foro Económico Mundial, con excusa de la pandemia.

En la página oficial de la institución se pueden consultar cuáles van a ser las líneas estratégicas para desarrollar el mundo tras la crisis producida por el Covid-19. Uno de los bloques temáticos es “Rediseñar contratos sociales, habilidades y trabajos”.

El contrato social” de Rousseau sienta los principios del derecho político que rige a los sistemas liberales, defendiendo la existencia de un contrato implícito en la sociedad por el que se renuncia a cierta libertad disponible en el estado de la naturaleza para así conquistar derechos por todos respetados. Es decir, sienta las bases de las constituciones que han sido base de convivencia en los sistemas occidentales. Esas mismas bases son las que desde Davos se ha decidido que deben ser rediseñadas a raíz de la actual crisis.

Juntando piezas del puzle, debemos ser conscientes (y estar preparados) para el futuro, ya que es posible que empecemos a vivir una oleada reformista en los próximos años. En Chile, recientemente votó casi el 80% de la población que se redacte una nueva constitución, acabando con la de Pinochet, para elaborar una nueva desde cero, contando con los agentes sociales de la actualidad. Hay que recordar que este cambio constituyente viene precedido por unas «espontáneas y casuales» manifestaciones estudiantiles iniciadas por chicas de institutos, siendo el movimiento feminista el impulsor del proceso reformista.

Si a eso se le suma el apoyo del Partido Demócrata, con los hilos de poder que el país norteamericano tiene en Hispanoamérica, podría darse la situación de movimientos que pidan constituciones más «feministas», «igualitarias», «demócratas» y un largo etcétera. Todo ello bajo el espíritu de la Libertad, Igualdad y Fraternidad que la Revolución Francesa trajo consigo. Ya vivimos la «primavera árabe» impulsada por la administración Obama cuya consecuencia fue la desestabilización de Oriente Medio y parte del norte de África, y así forzar la inmigración masiva a Europa. Quién sabe si con Kamala Harris de vicepresidenta se procura relanzar la agenda globalista tras el parón que Trump ha intentado estos años. De la mano del globalismo vendrá la promulgación del (mal llamado) progresismo como norma suprema.

Renuncia voluntaria al Derecho Natural

La realidad sociológica que vivimos en Occidente respecto al Derecho es el iuspositivismo. Es decir, el ciudadano obedece la ley por ser ley, no por ser justa. Se produce una separación absoluta de la moral y la ley de manera que hay actos que, aun siendo moralmente deplorables, han de ser aceptados. El resultado pudiera ser, incluso, que obrar moralmente estuviera prohibido.

Con esta renuncia a la validez del Derecho Natural, se pone a la Constitución por encima de Dios, de la Verdad. Esa es la trampa de Hans Kelsen al elaborar en su obra la jerarquía de las leyes y poner a la Constitución como máximo ente del sistema jurídico: por encima de Dios está la ley. Por eso, la consagración de estos principios progresistas que podría traer consigo el “Gran Reseteo” antes mencionado, podría traducirse en un sometimiento legal de la población a los nuevos parámetros que traigan las futuras constituciones que deben ser rediseñadas en la Era del Desorden (o del Caos) que vivimos. De esta manera se dejarían a los delitos de odio como un insignificante precedente al verse amenazada la libertad de disentir ante las ideas globalistas que desde Davos se proponen.

Si a ello le sumamos el apoyo explícito de la ONU, podríamos ver más pronto que tarde cómo la ideología de género y el laicismo se convierten en Carta Magna, dejándonos a los católicos con menos lugar (si cabe) en la vida pública. Gracias a Dios, cada vez son más las voces que se alzan y capitanes los que presentan batalla, como demuestra valientemente el Arzobispo Vigano.

Sea como sea, viendo el devenir de los acontecimientos, me temo que nos esperan años duros por vivir. Tal vez estas reflexiones no sean más que elucubraciones, pero me temo que hay movimientos que se ven venir de lejos. En marzo, al inicio de los confinamientos domiciliarios, se podía presumir la jugada de China para ganar esta nueva Guerra Fría y así ha sido. Hoy, espero que estas reflexiones no sean más que un mal sueño.

Ricardo Martín de Almagro