Hegemonía, por Carlos Esteban

Concentración celebrada este lunes en Orense para condenar el asesinato del joven Samuel Luiz, de 24 años, en La Coruña. EFE/Brais LorenzoConcentración celebrada este lunes en Orense para condenar el asesinato del joven Samuel Luiz, de 24 años, en La Coruña. EFE/Brais Lorenzo
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En la madrugada del domingo murió de una paliza en La Coruña un joven de 24 años, Samuel, a la puerta de una discoteca. Y por eso ayer había en Madrid una turba gritando “¡Ayuso, fascista, estás en nuestra lista!”.

Si no ve usted relación entre una cosa y la otra, no entiende bien cómo funciona nuestro siglo, o por qué la derechita podrá ganar mayorías absolutas pero no podrá mandar jamás.

Porque Samuel no era un ser humano brutal y trágicamente asesinado en plena juventud, un ser único, con sus exclusivos afectos, intereses, esperanzas y medios; era un gay.

Es decir, pese a las dolorosas protestas de su padre, que ha pedido que no se le convierta en símbolo de nada, va camino de ser nuestro George Floyd; una coartada para seguir intimidando y amenazando, advirtiendo que no importa quién gane unas elecciones, que ellos seguirán dictando la verdadera política; que no importa lo que digan las leyes sobre libertad de expresión, que ellos se encargarán de decidir qué se puede y qué no se puede decir.