Juan Claudio de Ramón: «Elcano dio la vuelta al mundo, pero no a Roma»

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Alfredo Valenzuela

EFE.- «Elcano dio la vuelta al mundo pero no dio la vuelta a Roma», exclama el diplomático y escritor Juan Claudio Ramón (Madrid, 1982) al describir la empresa de meter en un libro la historia, el arte, la cultura y la idiosincrasia de «la ciudad más bella del mundo», lo que él ha intentado en «Roma desordenada. La ciudad y lo demás» (Siruela).

«Dejé cosas por contar, iglesias que no visité, obras de arte que no vi, biografías de personajes que no traté; Roma es sinónimo de frustración, pero de una frustración bella e inspiradora; mi libro tiene setenta capítulos pero podrían haber sido setecientos», ha dicho a Efe el autor de esta obra inclasificable, que puede ser libro de viajes, cuaderno de bitácora, alarde erudito, diario, anecdotario, crónica en setenta capítulos breves que son como setenta viñetas, como instantáneas, a veces impresiones.

El libro es fruto de cinco años de vida en la «ciudad eterna», de cinco años de trabajo como diplomático, como su anterior libro, «Canadiana», lo fue de otro periodo de trabajo y de vida en Canadá, aunque el autor ha advertido: «Roma es todo lo contrario, Roma es la superabundancia, Roma es la exuberancia», además de que Ottawa, donde residió, «era una ciudad donde todo funcionaba».

A la hora de ponerse a escribir -los dos primeros años ni pensó en hacerlo- se sintió «sepultado por lo que de Roma habían escrito todas las deidades de la cultura occidental» y por el temor de «descubrir mediterráneos muy navegados», pero, por otra parte, ha señalado, «la ciudad te coacciona y te reta para que pases a limpio el borrador que llevas en la cabeza, de modo que sentí que no había completado mi viaje y que me quedaban asignaturas para septiembre».

De Ramón ha citado al cronista Silvio Negro quien, preguntado por cuánto tiempo hacía falta para conocer Roma, respondió que para verla tres días y para visitarla un día, pero que existía cierto tipo de viajero que no tenía bastante con una vida entera: «Yo experimenté esa impotencia».

Esa «inabarcabilidad de la ciudad» lo llevó a elegir el adjetivo «desordenada» para el título de un libro que «salta de siglo en siglo, que va de la historia de los césares a la de los papas, del dato demográfico al examen de una obra de arte… Pero todo eso tiene su hilo de Ariadna o, mejor, un mapa mental que permite hacerse una idea de la ciudad».

«Hay cuatro Romas distintas: la antigua de los césares, la barroca de los papas, la fascista -que dejó una huella nada despreciable en el urbanismo- y la de la periferia; y a esas cuatro hay que sumar las desaparecidas, la Roma medieval, que Mussolini suprimió en su ambición de conectar con la Roma de Augusto, con lo cual arrasó mil años de historia, la Roma judía del gueto; y también está la Roma de ‘La dolce vita’ y de Vía Véneto, la Roma de la monarquía de Saboya, que fue fugaz, cuando la ciudad quiso ser como París…», ha enumerado el autor.

A la cuestión de si la ciudad, como advertía el poeta, sigue siendo un peligro para caminantes, De Ramón ha respondido con humor: «Ciertamente lo es porque hay muchos socavones en aceras y calzadas, pero también en sentido metafórico, porque la belleza de la ciudad te hace parar a cada instante y llegar a la saturación; también es Roma la madre de todos los ruidos en un doble sentido, de los ruidos que aturden y de los ruidos de la Historia».

«Hay algo que no ofende a los romanos, ellos lo llaman ‘la degradación’, y es que las cosas no funcionan, ni la recogida de basura, ni la limpieza, ni el arreglo de las calles, ni los equipamientos y por eso permanece el debate sobre cómo es posible que una ciudad con tantos recursos sufra esa situación. Un rasgo de la personalidad local es la resignación, porque llevan más de veinte siglos repitiendo todos los problemas y ya nadie confía en que venga alguien a resolverlos… Pero a pesar de todo eso, nadie quiere irse de Roma».

Juan Claudio de Ramón, acompañado por el escritor y poeta Eduardo Jordá, presentarán esta tarde «Roma desordenada» en el Departamento de Italiano de la Universidad de Sevilla, con motivo de la celebración del Día de la República Romana, el 2 de junio.