La debilidad es provocativa, por Fulgencio Coll

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La pandemia ha puesto en evidencia la mayoría de los grandes problemas que tiene España como entidad política. El escenario anárquico y grotesco en que se ha convertido el Estado es el resultado de someter a tensión el conjunto de estructuras políticas, sociales, jurídicas, económicas e informativas que ya, en tiempos de “normalidad”, presentaban claros síntomas de descohesión. 

El propio Gobierno denominó la situación, que él mismo creó durante la pandemia, de “cogobernanza”, vocablo que describe la sustitución del “orden constitucional” por un aroma “asambleario” que materializaba la división de los españoles ante una amenaza común dependiendo de su asentamiento territorial. Los efectos de tal absurda decisión han acelerado la degradación del Estado en todos sus componentes. La secuencia de los hechos, por si misma, constituye la crónica de una tragedia anunciada.

El denominado Gobierno de Coalición, amalgama disfuncional de representantes de partidos denominados de izquierda-progresista, encaró la tarea de gobernanza sin ningún plan al que atenerse, pero con la archiconocida finalidad práctica de mantenerse en el poder el mayor tiempo posible para lo que tendrían garantizar el correspondiente apoyo parlamentario, al precio que fuese necesario. 

La pregunta a efectuar es cómo se ha podido llegar a esta situación, ya que un estado democrático tiene sus propios instrumentos de protección contra aquellos que pretenden destruirlo desde dentro. La estructura constitucional del Estado español ha sido desde su origen quebradiza, con continua sintomatología de obsolescencia. Una evidencia es que el resultado de la vigencia del esquema constitucional es la quiebra de la identidad nacional. Se partió del modelo de “transición” desde el régimen político posterior a la “Guerra Civil” a uno de naturaleza democrática que ha desembocado en la legalización de una narrativa histórica que desligitimiza la Transición. 

Este estado de cosas ha acabado de difuminar el protagonismo español en el exterior, la introversión como Estado le lleva a la irrelevancia internacional. Para cualquier gobierno la acción exterior es esencial y dada la situación geográfica de España, su ausencia conceptual y práctica es pura eutanasia. Exteriores y Defensa son dos aspectos ausentes de cualquier discurso, comparecencia o perorata del Presidente del Gobierno o de alguno de sus ministros. 

La única política exterior se traduce en las relaciones con el separatismo catalán, con el que se va a establecer una “mesa de diálogo” que carece de sentido si no es para alterar la soberanía nacional. El caso de Ceuta es paradigmático. Una amenaza permanente cuyo punto crítico para el Gobierno se traduce en utilizar “concertinas” o no, pasando por el absurdo de que el emigrante que salte la valla tiene como recompensa la permanencia en España. Alguien podría interpretar el hecho como inscrito en la Zona Gris, pero no deja de ser un puro absurdo.

El vecino del Sur tiene buen olfato, en 1975 se olió la debilidad española y se quedó con el Sahara, ahora constata la situación catatónica del Estado y pretende imponer su política de hechos consumados. Pero esta vez Marruecos es un actor estratégico en la zona, algo que no es España y, además, está apoyado por Estados Unidos.

La invasión de Ceuta ha sido una lógica opción estratégica de Marruecos, su sorpresa es el resultado de la dejadez hispana, producto de la falta de cultura estratégica, algo para lo que no está preparada la sociedad española que, en gran parte, carece de sentido de peligro. Es posible que el caso acabe llevándose a la UE que, después de sopesar las debilidades en juego, acabará por ejercer su arbitraje y puede que parte de la solución sea sustituir a la Guardia Civil por FRONTEX. 

Alguien tendrá que contestar a la pregunta de por qué España no es protagonista en su propia zona de interés estratégico. ¿Qué se ha hecho con las Zonas Económicas Exclusivas de Marruecos y Argelia?, el que calla otorga. España tiene una larga tradición de irrelevancia en todo lo referente a Política Exterior o, lo que es lo mismo, al ejercicio del poder y hay que tener en cuenta que la debilidad es provocativa.

El problema de seguridad exterior de España proviene del hecho de ser “frontera” entre dos mundos y, necesariamente, tiene que basar en ello su política. No es una situación buscada, es pura geopolítica. Nadie va a solucionarnos nuestros problemas y mucho menos si mostramos debilidad crónica.    

Fulgencio Coll Bucher