La dispensación deportiva

El entrenador de la selección española de fútbol, Luis Enrique, al término del partido de semifinales de la Eurocopa 2020 entre España e Italia en el estadio de Wembley, en Londres. EFE/Kiko HuescaEl entrenador de la selección española de fútbol, Luis Enrique, al término del partido de semifinales de la Eurocopa 2020 entre España e Italia en el estadio de Wembley, en Londres. EFE/Kiko Huesca
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Anoche y, quizá, parte de la mañana de hoy constituyen una de esas raras pausas de dispensación en las que no es irremisiblemente fascista pronunciar la palabra España sin que suene a proposición funcionarial. Hubo un partido de la Selección Nacional, y en ocasiones así nos dan permiso para pronunciar la palabra maldita e incluso gritarla sin que nuestros maestros culturales levanten, alarmados, la temible ceja.

Si me apuran, pueden colarse en el calor del momento, sin disparar alarmas, otras palabras vedadas por los lexicógrafos, apiladas en el desván de la carcundia, como honor.

En tiempos en que, quien más, quien menos, todo el mundo se parapetaba tras la bandera nacional, Samuel Johnson podía decir que a menudo el patriotismo es el último refugio de un canalla. Hoy podemos parafrasear al maestro inglés y decir que el deporte es el último refugio de un patriota.