La economía americana estará en manos de un Blackrock

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¿Les suena la empresa Black Rock? Se trata de la empresa más grande del mundo en gestión de activos. Pero la gestora de fondos neoyorquina ha pasado del fondo al frente en cuestión de meses. Y ya está en la Casa Blanca.

El pasado viernes, la vicepresidente electa de los Estados Unidos, Kamala Harris, anunció la elección del Jefe Global de Estrategia de Inversiones de la empresa como su principal asesor económico. Él es Mike Pyle, un tipo que no ha tenido reparo en aparecer en la CNBC anunciando que 2021 será el año del «reinicio económico». 

Mike Pyle.

Así, Mike Pyle será el tercer miembro de alto perfil del imperio financiero de Black Rock en ocupar un cargo importante en la Administración Biden.

Porque antes de Pyle, en el mes de noviembre, llegaron Brian Deese y Adewale Adeyemo: Joe Biden nombró a estos Jefe del Consejo Económico Nacional y subsecretario del Tesoro, respectivamente.

Deese y Pyle, que no requerirán la confirmación del Senado, serán el primer dúo de la era moderna en pasar de la misma firma de Wall Street a trabajar como principales asesores económicos del presidente y vicepresidente de los Estados Unidos.

Volviendo a Mike Pyle, el último en llegar. Su ascenso en BlackRock ha sido rápido y actualmente es uno de los principales asesores de Larry Fink, presidente de la entidad. En otras palabras, para Fink es todo un logro haber podido meter mano en la Casa Blanca, y la pregunta que surge es cuál será la consecuencia. 

Primera consecuencia evidente: la política económica norteamericana tomará el rumbo de las líneas trazadas por BlackRock. Transnacionalismo y globalismo. La izquierda progresista se hace con el poder y todo lo que Trump había logrado frenar ahora cogerá una buena carrerilla.

Adiós a lo público y a lo privado, adiós a las fronteras, adiós al liberalismo. Porque Blackrock es partidaria de esa agenda globalista que tratan de imponer, de un neocapitalismo que concentre la riqueza en pocas manos: las suyas y las de los suyos.

Pero la segunda consecuencia no es ni mucho menos evidente. Se trata de la parte que concierne a España.

Y es que, importante desde hace años, Blackrock tiene en estos momentos una relevancia decisiva en el sector bancario español. La gestora de fondos neoyorquina se ha establecido como el principal inversor extranjero en la mayoría de la banca española, con capacidad de condicionar el mercado absolutamente. 

El Vicepresidente Segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, en plena campaña electoral de 2019, defendió que «los fondos buitres como Blackrock tienen más poder que los diputados y eso señala una democracia menoscabada, limitada«.

Pablo Iglesias parece haber olvidado sus palabras de 2019: fondos buitres que tienen más poder que los diputados. Porque ahora, él y los suyos son también de esa casta, y participan de ese reparto de poder en el que Blackrock es decisivo.

La casta progresista globalista se ha hecho con el poder.