La ficción andaluza del maravilloso entendimiento entre las tres religiones

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POR ABBÉ ALAIN ARBEZ (*)

A los islamófilos les gusta evocar una época dorada emblemática, la de Andalucía, durante la cual, dicen, las tres religiones llamadas monoteístas o abrahámicas se llevaban perfectamente…

Esta fuga lírica pretendía exaltar la tolerancia del Islam, que ocupaba entonces el territorio español, y recalcar que la convivencia era consustancial a la religión de Mahoma.

En Andalucía nos hubiéramos encontrado con un islam abierto y tolerante, es decir, el verdadero, nada que ver con el de los islamistas. Por tanto, Andalucía demuestra que la multiculturalidad es posible e incluso deseable. En estas premisas se basa la idea de que el islam andaluz es un modelo, ya que sería la revelación de una simbiosis con lo que los musulmanes llaman «las religiones del Libro», judíos y cristianos. A partir de ahí, se desarrolla el proyecto de una Europa en la que las culturas occidental e islámica están llamadas a convivir en paz.

Este entusiasmo por ignorar ideológicamente las realidades históricas de la España islámica llegó a afirmar que este mestizaje cultural había permitido la promoción de los pensamientos culturales y científicos en la base de la civilización moderna.

En Bruselas, en 1992, el abogado judío Samuel Pisar, representante de muchos intelectuales europeos, alabó públicamente las bondades del Islam andalusí: «El edicto promulgado en Granada en 1492 rompió la excepcional simbiosis entre judíos, cristianos y musulmanes en la Península Ibérica. El Siglo de Oro español permanece grabado en nuestra memoria colectiva. El país era un raro semillero de tolerancia. En las sinagogas, iglesias y mezquitas, la gente era libre de adorar a Dios en todas sus revelaciones. Las comunidades que compartieron la herencia espiritual de Abraham produjeron juntas la cultura más fructífera de la Europa medieval.

Por otra parte, desde hace algún tiempo, los estudiosos e historiadores de la investigación han ido reuniendo pruebas que ponen en duda esta presentación idílica. La conquista del país estuvo lejos de ser pacífica. Como dice Joseph Peretz, profesor de la Universidad de Burdeos, «debemos abandonar el mito de una España acogedora y tolerante. La prosperidad judía y el buen entendimiento de las tres culturas que marcaron el siglo X sólo fueron posibles gracias a la laxitud y la negligencia árabes y, por tanto, no son el resultado de una política deliberada de apertura y tolerancia. En cualquier caso, se trata de una situación precaria que dependía de la arbitrariedad de los gobernantes musulmanes.

Este análisis lo confirma Eliahou Ashtor, profesor de historia musulmana en la Universidad de Jerusalén, para quien es cierto que el califato alcanzó el apogeo de la civilización árabe en Europa. Fueron los califas de Córdoba quienes explotaron las habilidades de judíos y cristianos atrayendo a eruditos, artistas y poetas. Tuvieron que mostrarles una relativa tolerancia, a menudo desafiada violentamente por sus súbditos, que se revolvían ante esta actitud de ruptura con los mandatos coránicos hacia los infieles. Este sentimiento religioso se impuso a la facilidad de vida y se radicalizó con la llegada de los almohades y los almohades, que pusieron fin a este llamado siglo de oro. Al sentir la creciente presión de los cristianos del norte para reconquistar Andalucía, los musulmanes recurrieron a estos fanáticos del norte de África. Su llegada fue acompañada de disturbios antijudíos y decidieron obligar a los dhimmis a convertirse bajo pena de muerte.

Los reyes cristianos, como Alfonso X el Sabio, acogieron con los brazos abiertos a los judíos expulsados de Al-Andalus, al menos hasta el edicto de expulsión de 1492. En la antigua judería de Córdoba, una estatua de Maimónides se erige como símbolo de la tolerancia islámica, a pesar de que el filósofo judío se vio obligado a convertirse al Islam para sobrevivir y tuvo que exiliarse para practicar la religión de sus padres.

Joseph Peretz explica: «En Al-Andalus, los judíos y los cristianos estaban sometidos a fuertes impuestos y a la discriminación civil y legal. Los judíos que ocupaban puestos altos y bien remunerados eran objeto de la reivindicación popular, porque no era tolerable que los no musulmanes tuvieran una posición superior a la de los musulmanes, según las leyes del dhimma

Según un director de investigación del CNRS, no fue hasta el siglo XIX cuando los europeos quedaron fascinados por la mítica Andalucía. Sin embargo, la Córdoba del siglo X no puede considerarse un ejemplo del Islam medieval. En aquella época, los dhimmis representaban el 60% de la población de Al-Andalus.

Sin embargo, a finales del siglo X, sólo el 20% de la población era dhimmis. Hubo pocos periodos de paz social en esta sociedad multicultural y heterogénea. Los juristas musulmanes de la corriente malikita impusieron una legislación muy restrictiva. El califato tuvo sus momentos de esplendor y dio lugar a un desarrollo contrastado durante un siglo. Pierre Guichard, profesor de historia medieval en la Universidad de Lyon, escribe: «El Califato de Córdoba, considerado como el ejemplo ideal de convivencia pacífica entre diferentes culturas y religiones, fue mitificado en exceso.

(*) Este artículo ha sido originalmente publicado en francés por Drezu.Info, Su autor,  Abbé Alain René Arbez, es sacerdote católico, de la comisión judeo-católica de la Conferencia Episcopal Suiza y la Federación Suiza de Comunidades Judías.