EDITORIAL

Editorial. La Gran Nevada

Madrid cubierto por la nieve.
|

Madrid parece una estación de invierno. Desde ayer por la tarde no ha parado de nevar con una intensidad desconocida en la capital de España.  Es la mayor nevada de los últimos cincuenta años. Las calzadas no se distinguen de las aceras. Calles y plazas cambian su fisonomía. Los automóviles aparcados a la intemperie, totalmente cubiertos, parecen todos de la misma marca y modelo.  Algunos árboles, quebrados por el peso de la nieve acumulada en sus ramas, atraviesan las calles. De las fachadas cuelgan los enormes carámbanos, como picas heladas que amenazan caer. Las autoridades, numerosas, prescindibles, no saben, no contestan. Además, han desaparecido.

Esta nevada es la metáfora de la insignificancia de los que mandan y salen a dar ruedas de prensa para decir que ellos no son responsables. Filomena les ha gibarizado. Desinflados, con cara de tontos, los tres tenores salen a las teles a decir pío pío.

Los madrileños, al principio encerrados en casa por temor a las nieves, finalmente se han echado a las calles. Guerras de bolas, esquiadores espontáneos que se lanzan al ruedo, perros corriendo entre la nieve como si no hubiera un mañana y familias con los niños disfrutando de este milagro blanco de la naturaleza. Madrid es echarse a la nieve a ver qué pasa, como si fuera domingo, y desairar a un ministro que quiere decir algo.

Esta nevada, Filomena, parece haber devuelto la alegría a la ciudad amargada por el coronoavirus y atemorizada por los terrores meditáticos de las telecadenas del poder.

Traerá problemas (ya veremos mañana, cuando todo empeore por la desidia de los gobernantes) pero lo primero que trae la gran Filomena es una enorme sensación de libertad, de haber barrido del mapa y de las calles a este gobierno de tuiteros y telepredicadores.

(Y lo serio: ¿cuántas personas han sido abandonadas por la incompetencia de estos gobernantes de tres al cuarto? ¿Cuantas horas  de frío, hambre y miedo han pasado los madrileños, hombres, mujeres, niños, enfermos y ancianos, en las carreteras, en la M-30 y M-40 sin asistencia alguna? ¿Alguna dimisión? ¿Una disculpa? ¿Un tweet de Iglesias o de Pedro Sánchez, bien calentitos en Galapagar y Moncloa mientras la gente, la gente, tiritaba completamente abandonada en sus coches? Las calles de Madrid han sido esta noche una inmensa y multitudinaria Cañada).