La izquierda millonaria abandona los derechos humanos y rinde pleitesía en Davos a Xi Jinping

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Toda la izquierda caviar se ha dado cita, una vez más más, en el Foro Económico Mundial de Davos fundado por el alemán Klaus Schwab. En esta ocasión, el Foro se ha reunido bajo tres circunstancias que parecen acercarle todavía más a la consecución de sus objetivos globalistas y de gran reseteo: la gestión mundial del Covid19 surgido de Wuhan, el avance de las posturas globalistas con la victoria de Joe Biden y el fortalecimiento económico mundial de Pekín.

No en vano, Xi Jinping, presidente de la República Popular de China y secretario del Partido Comunista Chino, ha sido el invitado de honor en la 51 edición  del Foro de Davos.

El dictador comunista chino ha inaugurado el Foro con un discurso triunfalista, de claro liderazgo mundial, y ha presumido de ser la única economía que ha crecido pese a la pandemia y ha augurado que «el mundo ya no será como antes».

El empresario alemán Klaus Schwab, partidario de la izquierda internacionalista,  ha loado la figura del presidente chino y ha ensalzado su gestión del coronavirus, sin ruborizarse.  «Tenemos que comenzar una nueva era global y contamos con usted. Muchas gracias, señor presidente, por esta declaración de principios y por recordarnos que somos parte de una comunidad global que comparte el mismo futuro común», ha concluido.

No pocos corresponsales ha mostrado su estupor por esta entrega sin condiciones del Foro de Davos al liderazgo mundial de  China. Al parecer de nada sirven las permanentes denuncias de persecución de los derechos civili y políticos en el gigante asiático, las torturas, las desapariciones, las ejecuciones de la pena de muerte y la represión de las libertades emprendida por régimen de Pekín en Hong Kong, en la región del Tíbet o respecto de la comunidad de los uigures, que constituye un genocidio en toda regla. De nada sirve que organizaciones de tanta solvencia para la propia izquierda como Amnistía Internacional o Human Rights Watch denuncien año tras año los crímenes y la represión de Pekín.

Tampoco ha parecido tener incidencia alguna en el liderazgo concedido por Davos al dictador chino el hecho de que el régimen de Pekín ocultara al mundo la aparición del Covid19, permitiendo los vuelos desde China, desabasteciendo los mercados de mascarillas, guantes, geles y respiradores u ocultando todo tipo de información sobre la enfermedad. Ni los inconvenientes puestos desde Pekín a que una misión internacional de la nada dudosa OMS pudiera investigar sobre el terreno los orígenes, naturales o no, intencionados o accidentales, del virus que ha doblegado a la humanidad en todo el planeta.

La izquierda millonaria ha decidido entregar el futuro del mundo a Pekín.

El líder comunista ha dejado claro que China ha ganado ya la partida mundial. «En China estamos siguiendo el camino hacia un país socialista moderno. Ahora, desempeñaremos un papel más activo para fomentar una globalización económica mundial que sea más abierta, inclusiva, equilibrada y beneficiosa para todos».

En un alarde de equivalencia de civilizaciones el líder comunista ha dicho: «No debe haber países uno por encima del otro. No debe haber jerarquía. Ni debe haber un país que imponga sus normas sobre los demás. De lo contrario, volveremos a la ley de la selva. Debemos dejar de imponer unos sistemas sociales y culturales por encima de otros», poniendo en el mismo nivel de legitimidad los regímenes que respetan las libertades y de los derechos humanos y los que los reprimen.

Mientras los líderes occidentales adoptan discursos acomodaticios y sin perfil político alguno, todos ellos más o menos plegados al globalismo oriental, Xi Jinping ha señalado que el camino a seguir es un nuevo gobierno mundial en el que China será actor fundamental.

La Agenda 2030 del Foro Económico Mundial tiene como objetivo instaurar un socialismo global. Tal y como señala uno de sus lemas más siniestros e indisimulados «en 2030 no poseerás nada y serás feliz». Un horror ni siquiera vaticinado por Orwell en sus distopías. Un futuro sin propiedad, sin intimidad, sin derechos y sin libertades. En España la agenda 2030 está a cargo, claro, de Pablo Iglesias Turrión. El comunismo vuelve de la mano de los multimillonarios.