CARTA DE MONSEÑOR BLÁZQUEZ

La Ley de Eutanasia hace al Estado responsable de la muerte y hiere a la profesión médica

|

El cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, reconoce que la Ley de la Eutanasia le produce «tristeza e incertidumbre» ya que se ha hecho «a toda prisa, sin diálogo público ni discusión en la sociedad» y cree que el Estado en lugar de defender la vida humana «pasa a ser responsable de la muerte infringida», además de que esa ley hiere «en su dignidad» a la profesión médica

Así consta según consta en la carta del prelado vallisoletano correspondiente a la primera quincena de enero, recogida por Europa Press, donde además, Blázquez asegura que esta Ley «ha sido preparada durante la pandemia», que llena la vida «de sufrimiento y de incertidumbre» y en la que recuerda que los hombres no tienen «autoridad para decir qué vidas custodiar siempre y en qué vidas intervenir hasta causar intencionadamente la muerte».

La cercanía de la aprobación de esta ley con la celebración navideña, ha convertido, a la «Navidad, que es la fiesta de la vida, en nubarrón de muerte, ya que la vida es un don y la eutanasia un fracaso. Navidad es una fiesta de ternura y no de miedo», recoge la carta del cardenal arzobispo de Valladolid.

Asimismo, el prelado vallisoletano recuerda que el mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2021, trata sobre «la cultura del cuidado como camino de paz» a lo que añade que el cuidado tiene fundamentos bíblicos elocuentes para «la promoción de la dignidad de toda persona humana, la solidaridad con los pobres indefensos, la preocupación por el bien común y la salvaguarda de la creación».

Pero este mensaje «está mezclado con la amargura de la Ley de la eutanasia», asegura Ricardo Blázquez, quien considera que en lugar de legislar sobre los «cuidados paliativos» para que nadie muera con dolor, se aprueba una ley sobre la eutanasia, es decir «en lugar de eliminar el sufrimiento en la medida de lo posible se suprime a la persona».

La nota de la Conferencia Episcopal del 11 de noviembre dice: «Urgimos la promoción de los cuidados paliativos, que ayudan a vivir la enfermedad grave sin dolor y al acompañamiento integral, por lo tanto, también espiritual a los enfermos y a sus familias. Este cuidado alivia el dolor, consuela y ofrece la esperanza que surge de la fe y del sentido de toda vida humana, incluso en el sufrimiento y la vulnerabilidad».

Por ello, Ricardo Blázquez no entiende «cómo en lugar de legislar sobre los cuidados paliativos se abre el camino a infligir la muerte» y pide aprender de Jesús que enseñó «a estar cerca de los enfermos, de los vulnerables, de los pobres, de los pecadores».

En su carta, el cardenal arzobispo de Valladolid recoge que el Diccionario de la Lengua Española define la eutanasia como: «Acción u omisión que, para evitar sufrimiento a los pacientes desahuciados,
acelera su muerte con su consentimiento o sin él».

Por ello, el prelado vallisoletano precisa que «el Estado en lugar de defender la vida humana pasa a ser responsable de la muerte infringida; y la profesión médica llamada en lo posible a curar o al menos aliviar, en cualquier caso, a consolar y nunca a provocar intencionadamente la muerte, queda herida en su dignidad».

«Se produce con la Ley de la eutanasia un vuelco en los fines del Estado y en la profesión médica», afirma Blázquez, quien explica que la palabra griega eutanasia compuesta de «eu» (bien) y «zánatos» (muerte) «se suele traducir como «muerte digna o muerte dulce», es decir «indolora» pero ocultan «es un eufemismo para no decir que es una
muerte provocada o causada».

«Muerte digna es la muerte de la persona rodeada del afecto de la familia, sostenida por el sentido de la vida y de la muerte,
entrelazando las manos y compadeciendo con el corazón», escribe el arzobispo de Valladolid, quien asegura que si se utilizan los cuidados paliativos, «no se puede decir que muera en medio de dolores atroces e insoportables».

«Se comprende que cuando una persona enferma percibe que a sus familiares está resultando un peso se halle en una situación muy delicada y ceda a la presión. En este trance pidamos al Señor que nos sostenga en la fidelidad a la verdad del hombre y nos otorgue auténtica compasión del enfermo y de la familia», recoge la carta de Ricardo Blázquez.

Para el prelado vallisoletano, despenalizar con una ley la eutanasia «es entrar en una especie de tobogán» porque primero se despenaliza, se pasa a continuación a legitimarla entendiéndola «como un derecho (así ha ocurrido con la ley del aborto)», se acepta socialmente, «introduciendo en este descenso una pérdida de la estimación ética de la dignidad de la persona y de su vida».

Y es que Ricardo Blázquez considera que la aprobación de una Ley sobre la eutanasia «no es signo de respeto a la dignidad personal y a su libertad sino descenso en su estimación» a lo que añade que «hay decisiones que tienden hacia la altura dignificadora y otras son degradantes, unas retroceden en la historia y otras abren futuro».

En su misiva, el cardenal asegura que «medir el sentido de la vida humana por el vigor, la belleza, la eficiencia, la rentabilidad,
la edad conduce a cosificar, mecanizar o animalizar a la persona» cuando cada persona posee como tal «una dignidad» que nadie puede otorgar ni sustraer, apoderarse de ella o avasallarla, «sino cuidarla y defenderla».

«Los hombres no tenemos autoridad para decir qué vidas custodiar siempre y en qué vidas intervenir hasta causar intencionadamente la muerte. La ampliación de la expectativa de vida en nuestras latitudes ha sido una conquista, de la que todos podemos beneficiarnos», insiste el cardenal Ricardo Blálquez, que concluye su carta igual que la comenzó, deseando a todos un feliz «año de gracia del Señor» 2021.