La Ley, por Carlos Esteban

Pedro Sánchez durante su visita a Lituania. EFE/EPA/VALDA KALNINAPedro Sánchez durante su visita a Lituania. EFE/EPA/VALDA KALNINA
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El Tribunal Constitucional acaba de determinar que Sánchez nos sometió durante meses a arresto domiciliario ilegalmente, y a quién le importa.

Fue ilegal e ilegalmente hundió negocios, destruyó la economía, pulverizó nuestras libertades, pero da igual: salvó vidas. Miles de vidas. Cientos de miles. Millones. ¿O es que usted puede demostrar lo contrario? Hay papers, todos los que quieran, nos los quitan de las manos, y ahora se le podría demostrar a cualquiera que no existe enseñándole papers, todos convenientemente peer reviewed y sancionados por la autoridad competente.

Se supone que la Constitución no está escrita en sumerio; que, siendo la ley de la que depende todo nuestro sistema, está redactada en un idioma razonablemente comprensible para una inteligencia media. Pero, ya ven, solo los sabios del TC pueden contarnos qué pone ahí, y lo hace cuando le place, cuando ya da un poco igual.

Somos un pueblo aterrado y desmoralizado con el que se puede hacer lo que se quiera. Mientras el Constitucional dice que Sánchez se pasó por el forro la carta magna, la oposición clama por restringir nuestras libertades arbitrariamente en sus feudos. La opinión predominante en el PP es que Sánchez lo hizo mal fatal por ser Sánchez, que ellos nos reducirán al estado lanar de forma más inteligente.

Los datos no cuadran y las comparaciones se vuelven odiosas, y si uno mantiene la cabeza fría y hace números y mira cómo funcionaron las medidas aquí y allá tendría que preguntarse qué ha sido toda esta locura. Pero un pueblo asustado no piensa, y qué fácil ha resultado asustarnos.