La luz. Por Carlos Esteban

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Tuvo extraordinaria fortuna en su día el lema electoral “es la economía, estúpido”, lo que no deja de tener su gracia porque nunca es la economía. Si la gente “votara con el bolsillo”, como gusta decir el aprendiz de cínico, la izquierda hubiera desaparecido hace un siglo y el votante quedaría en cada ocasión paralizado entre las papeletas como la burra de Buridán.

Es fama que los economistas de prestigio no dan una en lo que debe ser la piedra de toque de cualquier ciencia, la capacidad de predecir resultados, sin contar con que los partidos mienten como bellacos en sus programas, que todos los gobiernos de una misma área, sin importar el color, aplican políticas económicas extraordinariamente parecidas y que, al fin, la economía está en función de todo lo que no es economía.

Así, descreo de la mera incompetencia de este gobierno, que nos condena a una vida tercermundista de retirarnos a la cama a las diez, ducharnos con agua fría y comer carne de uvas a brevas, aunque solo sea porque nuestros vecinos están con las mismas. Creo, más bien, en una casta gobernante más centrada en el reparto del botín y el mantenimiento del control eterno entre la pleble que en preocuparse por que comamos caliente los plebeyos.