EDITORIAL

La parte contratante de la primera parte

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Si no fuera porque España vive un verdadero drama bajo el gobierno de Pedro Sánchez; si no fuera porque este presidente ha ido sacrificando, sin excepción, una a una, sin pausa, con verdadero ahínco, todas y cada una de las Instituciones del Estado, desde la Corona al Poder Judicial pasando por el Tribunal Constitucional, la Guardia Civil, la Policía Nacional, el Servicio Exterior, la Fiscalía, la Abogacía del Estado, la Administración Pública y ahora los Servicios de Inteligencia; si no fuera porque España va a pagar un altísimo precio por la demolición del régimen constitucional y del Estado de Derecho (hoy en almoneda); si no fuera, en fin, por tanto daño producido, este gobierno daría para mucho chiste y parodia.

Un Gobierno con más de veinte ministros que nadie conoce y con dos partidos dentro del Consejo de Ministros que andan a la gresca mientras los «socios» de fuera les chantajea, no puede ser muy distinto del «Camarote de los Hermanos Marx».

La secuencia que dura cuatro increíbles minutos, empieza con Groucho Marx, un hombre de negocios que viaja en un barco. Va a comer en su camarote y llama al camarero a voces para pedir la comida. «Un zumo de cada clase, más dos huevos fritos, dos revueltos, dos pasados por agua y dos en tortilla». Al otro lado de la puerta está Chico que hace su petición: “¡Y también dos huevos duros!”, y Groucho se lo comunica al camarero. Luego suena la bocina de Harpo y Groucho dice: “En lugar de dos, pon tres”. La comanda crece con más peticiones: los bistecs: uno crudo, otro hecho, otro más hecho y otro quemado… Y Chico añade: “Y también dos huevos duros”. Y Harpo vuelve a hacer sonar su bocina. La escena continúa con Groucho pidiendo más comida: los pastelitos franceses y los bizcochos borrachos con unas gotas de amoniaco, más los dos huevos duros (“y uno de ellos de oca”). Pedro Sánchez.

Pero hay otra escena, también antológica, hoy convertida en metáfora de las declaraciones de Margarita Robles sobre el cese «no destitución, sino sustitución» de la ex Directora del CNI. Las palabras con M. Robles han pasado a convertirse en una pirueta verbal sin sentido que nada tiene que ver con la realidad. Da lo mismo. La escena también sucede en «Una Noche en la Ópera»:

Haga el favor de poner atención en la primera cláusula porque es muy importante. Dice que… la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte. ¿Qué tal, está muy bien, eh?
– No, eso no está bien. Quisiera volver a oírlo.
– Dice que… la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte.
– Esta vez creo que suena mejor.
– Si quiere se lo leo otra vez.
– Tan solo la primera parte.
– ¿Sobre la parte contratante de la primera parte?
– No, solo la parte de la parte contratante de la primera parte.
– Oiga, ¿por qué hemos de pelearnos por una tontería como ésta? La cortamos.
– Sí, es demasiado largo. ¿Qué es lo que nos queda ahora?
– Dice ahora… la parte contratante de la segunda parte será considerada como la parte contratante de la segunda parte.
– Eso si que no me gusta nada. Nunca segundas partes fueron buenas. Escuche: ¿por qué no hacemos que la primera parte de la segunda parte contratante sea la segunda parte de la primera parte?»

Margarita Robles.