¿La solución energética europea? La pobreza, por supuesto.

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POR H16 (*)

La guerra de Putin habrá tenido varios y poderosos efectos directos e indirectos, no todos ellos buenos, ni mucho menos.

Si ahora podemos -irónicamente- presentar a Putin como el mejor vendedor de la OTAN para el año 2022, hasta el punto de que Finlandia y Suecia muestran ahora su deseo de ingresar en la organización internacional, también podemos preocuparnos por las enormes, por no decir catastróficas, debilidades que ha puesto de manifiesto para el resto del continente europeo, a varios niveles.

Está muy claro que los países miembros de la Unión Europea no son realmente capaces de defenderse en su propio suelo. Se trata de una amarga observación que no es nueva y que sólo se ve agravada por la marcada falta de cooperación a nivel europeo. Algunos están encantados (como el Comisario Breton, por ejemplo) de ver esto como una gran oportunidad para lanzar programas conjuntos y así reunir fondos colosales (estamos hablando de decenas y pronto cientos de miles de millones de euros) para desarrollar armamento compartido entre los países europeos.

Es olvidar que todo esto refuerza aún más el poder del ejecutivo europeo, cuyo desapego democrático de los pueblos europeos, cada vez más fuerte, no parece molestar a nadie, ni en los medios de comunicación ni en los responsables de los Estados miembros.

Pero, sobre todo, se olvida que un Estado, incluso supranacional, no es garantía de que los ciudadanos sean tratados mejor, sino todo lo contrario: todo indica en la historia que cuanto más poderoso se hace un Estado y más escapa al control popular, menos se recata en aplicar medidas deletéreas o incluso debilitantes. Y cuando los manifestantes se hacen oír, denunciando precisamente estas idioteces, no duda en aplastar a sus oponentes.

Y precisamente, en cuanto a decisiones estúpidas, hemos visto muchas con motivo de la crisis ruso-ucraniana.

En un post anterior ya se mencionaron las sanciones económicas europeas contra Rusia, que estaban especialmente bien pensadas, ya que muchas empresas europeas estaban pagando el precio. Desde entonces, la compra de la participación de Renault en un fabricante local ruso por un rublo simbólico ha ilustrado concretamente el desastre que se está produciendo.

Ni siquiera podemos consolarnos con el hecho de que este rublo, aunque sea simbólico, esté ganando valor a costa del euro, ya que es precisamente como resultado de las decisiones europeas que su valor está aumentando e incluso ha superado su valor de antes de la guerra. Hay que decir que Europa sigue comprando productos energéticos rusos, de los que actualmente es muy difícil prescindir.

Gobernar es prever, pero eso es una suerte: nadie en las instituciones europeas ha sido nombrado (y mucho menos elegido) para gobernar. En consecuencia, no se ha planificado absolutamente nada, ni antes de la guerra, ni ahora, ni después, para evitar la situación actual.

Peor aún, se ha hecho lo contrario.

Durante años, y gracias a los ecologistas colectivistas y otros izquierdistas energéticos infiltrados en todas partes, haciendo lobby en todos los bandos y niveles de todas las instituciones del poder público, hemos construido una política energética especialmente inteligente que consistía en sabotear concienzudamente lo que funcionaba muy bien (la energía nuclear), impedir lo que era una alternativa interesante (el gas de esquisto) y promover activamente la energía eólica y solar, intermitente y por tanto respaldada por… al gas y al petróleo, que nos apresuramos a obtener de los rusos.

Ahora que la idiotez de estas medidas se revela en todo su esplendor, las élites que nos dirigen sin gobernar intentan corregir la situación: tendremos que liberarnos de la dependencia rusa… ¡aumentando nuestra producción de energía verde! En resumen: duplicaremos las dosis de lo que nos metió en este lío, y saldrá bien.

Si nos detuviéramos aquí, la situación ya sería amarga. Pero eso no es todo: para que este despropósito se convierta en un desastre irremediable, hay que añadir una sólida dosis de Utopium Parfumé, lo que Ursula Von Der Leyen se apresuró a hacer con su habitual brillantez, proponiendo además una drástica reducción de nuestro consumo. Sí, nos recuerda:

«El ahorro de energía es la forma más rápida y barata de responder a la actual crisis energética y reducir las facturas.

Y como basta con escribirla para hacerla realidad, podemos imaginar inmediatamente que será aún mejor que la idea anterior.

Ya existen todos estos insospechados yacimientos de ahorro en todas estas empresas que derrochan escandalosamente su energía: es bien sabido que, como esta energía es gratuita, abundante y poco contaminante, cada jefe, cada empresa, pequeña, mediana o grande, no tiene absolutamente ningún incentivo, ni por los precios del mercado ni por los disparatados impuestos, para hacer ya todo lo posible por reducir al máximo todo el despilfarro observado. Ya es hora de que todo esto cambie y de que por fin nos hagamos cargo de esta preocupación. Uf, ya hemos llegado, se podría decir.

Luego está el evidente despilfarro de aquellos individuos que no hacen absolutamente nada con su presupuesto y gastan energía como si no costara nada, viviendo en casas mal aisladas a propósito, conduciendo diésel malolientes sin razón alguna y dejando las luces encendidas para molestar a las autoridades. No te preocupes: una fiscalidad inteligente se encargará de eliminarlos.

Por último, existe toda una panoplia de soluciones múltiples, como el sector del hidrógeno, una solución operativa y rentable que la Unión pretende promover hasta alcanzar los 10 millones de toneladas de aquí a 2030. Ocho años (en el mejor de los casos) para una solución (absurda) a un problema energético que está aquí y ahora es bastante tranquilizador.

Por último, todo esto se hará con una pequeña inversión de apenas 210.000 millones en 5 años, es decir, 42.000 millones al año (en euros, no en rublos), lo cual es, en los tiempos que corren, una auténtica y regocijante bagatela eco-sintonizada.

El futuro será decididamente verde y frugal, es decir, todos nos empobreceremos y nos congelaremos el culo en invierno.

(*) Este artículo ha sido originalmente publicado en francés por la web Dreuz.Info. y su autor firma bajo el seudónimo de  © H16.