La tragedia de los tomates, por Carlos Esteban

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Leo en La Vanguardia que los tomates “lloran” y “gritan” al ser atacados, lo que debería llevar a muchos a descartar el veganismo ético, ya que no veo razón para que los puerros o las berenjenas deban ser más insensibles o estoicos, de modo que en cada inofensiva ensalada habrá que saber ver el resultado de una masacre atroz.

Lo terrible no es que los grandes medios mientan, oculten noticias y distorsionen hasta el infinito. Eso lo han hecho siempre, desde que existen. Pero, en general, sus juegos con lo verdad se centraban en la suerte de una facción o un partido, dejando el resto de las páginas y secciones en libertad para reflejar lo que pasaba.

Hoy todo pesa. La política lo ha inundado todo, desde la ciencia al último detalle de las relaciones humanas, de forma que nada puede escapar al ojo vigilante de la autocensura. Por hacer referencia a la noticia con la que abrimos, todo el mundo puede entender que si un tomate se resiste a la muerte, un ser humano en el seno de su madre no va a ser más indiferente que una hortaliza, y de hecho abundan los estudios sobre sufrimiento fetal y las desesperadas maniobras del feto por librarse de su cruel destino en caso de aborto provocado, pero nadie espera verlos en las páginas de un respetable rotativo, ni en el último recodo de un informativo televisivo.