Por Javier Villamor

La zanahoria y el asno

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La ONU, a través de su división UNESCO, se quita la careta y nos dice que el abuso de menores sobre la mesías del cambio climático Greta Thunberg es solo para cambiar las mentes, no el clima en sí.

Años de adoctrinamiento a través de los medios de comunicación de masas y de un sistema educativo cada vez más ideologizado y menos enfocado en el pensamiento crítico, han creado legiones de personas de toda índole que se han creído el dogma de una de las nuevas religiones estatales, el cambio climático. Este estipula que el fin del mundo está cerca si no hacemos nada al respecto.

Quizás alguno de ustedes piense que esto es una exageración por mi parte. En absoluto. Alexandria Ocasio-Cortez, la adalid “multiculti” encargada de alentar el lado más radical del Partido Demócrata, llegó a proclamar antes de la pandemia que nos quedaban 12 años si no hacíamos nada para evitar el cambio climático. Doce, como los apóstoles.

Si ustedes hacen memoria, se acordarán de Al Gore con su documental ‘Una verdad incómoda’ que nos venía a decir que para 2015 ciudades como Nueva York estarían bajo el agua. Que yo sepa, por ahora, estamos en 2021 y la ciudad sigue ahí. 

Por supuesto, ninguno de estos iluminados climáticos ha pagado nunca por sus falsas predicciones. Más bien, lo contrario. Predicar el fin del mundo desde los púlpitos del señor de este mundo (no del otro) es un negocio muy rentable para muchos. No solo para los que lo dicen, sino para todos los lobbies y empresas que hay detrás de esa “economía verde” que nos intentan vender.

Nadie duda de que contaminar menos es siempre bueno, faltaría menos. Lo que se pone en duda es la insistencia en una transformación productiva y económica por parte de la misma gente que ha llevado el mundo, supuestamente, a la situación que ellos critican. Es decir, Juan Palomo pero sin reconocer la culpa.

También molesta. y mucho, que sean los mismos ciudadanos los que, a través de impuestos, tengamos que pagar la fiesta a aquellos que se han dedicado a llenarse los bolsillos con un capitalismo depredador en el que importaba más la cantidad que la calidad (¿les suena lo de obsolescencia programada?). 

Desde hace décadas nos dijeron que comprásemos un coche, una casa, que nos fuéramos de viaje al otro lado del mundo, que bebiéramos y comiéramos como si no hubiera un mañana y, de la noche a la mañana, nos insultan y echan la culpa precisamente por lo mismo. Sé que no soy el único que se ha dado cuenta de esto, pero me temo que hay demasiadas personas que se han tragado ese cuento y, por si fuera poco, encima se sienten culpables. La superioridad moral asociada a este tipo de pensamiento (como en la izquierda en general), les hace ser ahora cómplices de la trama insinuando que eres un ciudadano irresponsable si no haces lo que te digan que hagas. El análisis psicológico de este comportamiento sería digno de estudio.

Años de bombardeo han destruido el pensamiento crítico de la masa ciudadana. Lo que digan desde arriba es lo que se debe hacer. Ayer era la lucha por las ballenas, hoy por los osos polares, mañana por el orangután del África central. Ayer fueron los derechos sexuales, hoy los colectivos minoritarios, mañana Dios dirá. El sistema le da a la masa las supuestas causas por las que tiene que luchar para sentirse bien consigo misma y no pensar que son parte del problema. Es como el que va a misa y suelta un euro. Ha limpiado su conciencia hasta la semana próxima.

 Se trata de cambiar las mentes, no el clima. @GretaThunberg #FelizViernes pic.twitter.com/qxPVls0ald

Greta Thunberg vuelve al escenario después de un año aparcada para evitar la saturación del populacho. Antes, los plásticos eran el mal encarnado. Ahora, todo el mundo tira mascarillas y guantes a diario. ¡Pobre clima! Lo bueno es que la Lara Croft medioambiental (y la camarilla que la financia) ya se han quitado la careta y admiten que vienen a cambiarnos las mentes. Que eso del clima ya, si eso, más adelante. Lo urgente es lavarnos el cerebro, los conatos de independencia no son permitidos

Greta es la zanahoria y la sociedad ahora globalizada es el asno. ¡No es el clima, es vuestra mente, estúpidos!