Lamentable espectáculo en los EE.UU., por Julio Ariza

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Una vez hemos confirmado esta noche que el ser humano hace las mismas tonterías en todas partes del mundo es preciso realizar un breve resumen de urgencia de lo visto oído y vivido en Washington DC el día 6 de enero de 2021.
Durante dos meses hemos intentado explicar en rebelionenlagrnaja, en Torotv y a través de telegram todo lo que se ha podido conocer sobre un gran fraude electoral en una serie de estados clave durante las últimas elecciones norteamericanas. Papeletas desaparecidas, aparición de voto masivo de última hora en favor de Biden, voto por correo irregular, sistema informático de dudosa neutralidad, cuestionable papel de los administradores e interventores electorales, etc, Un escándalo democrático que parecía inconcebible que se pudiera producir en la primera democracia del mundo.
Decenas de personajes relevantes de la vida política y periodística norteamericana han denunciado ese fraude y han respaldado al presidente Donald Trump en esa denuncia, comenzando por su propio vicepresidente Michael Pence.
Durante ese mismo periodo los grandes medios americanos han silenciado las denuncias de los seguidores y cercanos a Donald Trump. No digamos el papel de los medios europeos, plegados a una sola y uniforme versión de los hechos, la de los partidarios de Biden y del establishment globalista.
Sin embargo, según las encuestas ,una gran parte de la población americana, por encima del 70 % ,está convencida de que en las elecciones hubo un fraude clarísimo. Trump sigue teniendo 86 millones de seguidores en twitter.
La imposibilidad de que un juez, un periodista, o un legislador, diera una explicación razonable y suficiente sobre esas denuncias de fraude ha sacudido a una parte importante de los votantes republicanos y los ha encolerizado. Puede decirse sin miedo a error que los 76 millones de norteamericanos que han votado a Trump tienen conciencia de que les han arrebatado las elecciones.
Con la convocatoria de esta gran marcha sobre Washington el día 6 de enero Trump ha mantenido la tensión y la confianza en algún tipo de salida airosa a todos sus seguidores.
Pero el día ha llegado y la montaña ha parido un ratón. Un desastre.
Trump ha sido incapaz de hacer un discurso con un contenido suficientemente importante y novedoso como para mantener viva esa llama y dar un argumento definitivo al conjunto de la población norteamericana.
Los sicarios habituales de la pluma se han apresurado a dar amplia cobertura al asalto de juguete del Capitolio sobre el que cabe tener enormes dudas acerca de su real autoría. Cuando el caos se apodera de la política el resultado puede ser grotesco.
Calificar de golpe de estado lo que hemos visto en las imágenes del día de ayer solo puede describirse como una tremenda idiotez. Creo que el general al mando de la guardia nacional todavía se está tirando por el suelo de la risa.
Lo que de verdad se ventilaba en estas elecciones, que era la atribución de un auténtico poder a un pueblo bien formado e informado, un modelo de hombre y de sociedad anclado en el derecho natural y el respeto a la tradición y a la historia, ha quedado malbaratado y opacado por la ineptitud de unos personajes que están causando un verdadero deterioro a la causa de la libertad.
Si tengo que elegir una sola palabra, la palabra es LAMENTABLE.