Las consecuencias de matar a Juan Carlos I

|

España es una nación cainita, sí, pero sobre todo es un país de irresponsables que llegan al poder. Antes de haber matado política y socialmente a un rey como Juan Carlos I, los dirigentes políticos y mediáticos que instigaron su linchamiento público, deberían habérselo pensado dos veces.

¿No pensaron acaso que España tenía en su rey una válvula de seguridad para abortar a tiempo las crisis con Marruecos? No, nadie lo pensó.

¿Nadie se planteó que la llegada al poder de un tipo como Pablo Iglesias y su apoyo al líder del Frente Polisario podía meter a España en una crisis de primera magnitud? No, nadie se lo planteó.

¿Nadie tenía la altura estratégica necesaria como para prever que el mayor problema internacional de España se llama Marruecos y que el único español verdaderamente respetado en ese país es Juan Carlos I? No, nadie la tuvo.

España, sus políticos, sus medios de comunicación, sus líderes sociales y económicos, la sociedad civil, decidió en un momento dado terminar con el hermano de Mohamed II. Ahora, nadie se nos pone al teléfono al otro lado del estrecho.

El gobierno lleva horadando la posición de Felipe VI desde el minuto en que llegó al poder. Este gobierno se ha dedicado a atacarle sin cuartel para dar carnaza a sus huestes sedientas, a los comunistas y a los separatistas. Pedro Sánchez ha convertido a Felipe VI en un rey capitidisminuido. Y ahora, ¿que?

Algo, también, de venganza de Mohamed II, hay por el trato que este gobierno y este país han proferido a su hermano Juan Carlos I.

Lo que faltaba era dar asilo por la puerta de atrás a un personaje acusado de terrorismo que es además un viejo enemigo de España.

Todo son errores, incompetencias, estrechez de miras y una falta asombrosa de inteligencia política.