La más alta ocasión

Las reliquias de Lepanto, un recuerdo de una batalla de hace 450 años

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María Romano

EFE.- Hace 450 años, la Liga Santa comandada por Juan de Austria venció al imperio otomano en Lepanto. Hoy, reliquias como la celada de Alí Bajá, que tuvieron un «valor propagandístico muy importante» para los Austria, cuentan la historia de esa cruenta batalla en la Real Armería del Palacio Real.

El rey Felipe II mandó comprar los trofeos de Lepanto y, en 1582, se incorporaron a la colección de la Real Armería la celada, la maza, la espada y la manopla que el almirante turco llevaba en la batalla, así como cuatro estandartes de crin de caballo coloreadas que, según Álvaro Soler, el conservador de la Real Armería, eran insignias de rango «muy características de los turcos».

Unos objetos que, en el espectacular y no muy conocido museo de la Real Armería son un ejemplo de la «parafernalia» de las batallas de antes y la riqueza de los elementos defensivos.

Por ejemplo, de la celada, a la que le faltan la orejeras, se sabe, por un inventario del siglo XVI, que iba decorada con rubíes, esmeraldas, diamantes y turquesas, y además tenía grabados versos del Corán e inscripciones árabes por la victoria.

El día de la batalla, el almirante turco iba «ricamente vestido» con un caftán de seda, también con versos del Corán bordados en hilos de oro. En cambio, no hay descripciones de cómo iba Juan de Austria, pero «también iría bien vestido» y tendría otra armadura para después de la batalla, en caso de que ganase, cuenta Soler.

Junto con las piezas que se conservan actualmente en la Armería, ingresaron también en la colección 42 banderas, 10 de las cuales colgaban en la galera real de Juan de Austria y el resto eran de procedencia turca.

Estas enseñas permanecieron en la Armería hasta que, en 1616, se dio la orden de trasladarlas a la catedral de Toledo, el lugar que, según Soler, recogía los grandes triunfos de la monarquía, y donde todavía se conservan algunas de ellas. Y otras enseñas más pequeñas se conservan en el museo de Santa Cruz, también en Toledo.

En la colección de la Armería también hay unos arcos que podrían pertenecer a Lepanto, pero no están claramente identificados en los inventarios. Aunque, según el experto, la razón por la que están colocados junto al resto de piezas es porque el gran contraste entre un bando y otro era el uso de arcos, por parte de los otomanos, y de armas de fuego, por parte de la coalición católica.

Uno de los objetos «más curiosos» relacionados con la batalla, pero que no estuvo en ella, ha explicado el conservador, es un escudo de cuero de tradición española hecho con plumas de colibrí.

Se trata de un regalo enviado a Felipe II en el que se representan las principales batallas relacionadas con el islam y la monarquía española: Las Navas de Tolosa (1212), la conquista de Granada (1492), la campaña de Carlos V en Túnez (1535) y Lepanto (1571).

La batalla de Lepanto se representa en uno de los cuadrantes del escudo de forma ficticia, «casi como un cómic», dice Soler. En ella aparece Felipe II sentado en un trono mientras que Juan de Austria y Andrea Doria le presentan las palmas de la victoria.

También se aprecian tanto las naves cristianas como las turcas, y lo que llama «especialmente la atención» es la figura de un personaje turco con un escudo con dos medias lunas y el brazo levantado de forma amenazante. En realidad, explica el conservador, ese personaje debió ser el almirante Alí Bajá que nunca pudo tener esa actitud desafiante porque murió en el transcurso de la batalla.

En el centro del escudo se puede leer el mote personal de Felipe II y el dibujo de una cigüeña con una corona matando a un sapo y a una serpiente. Es un «juego iconográfico del siglo XV», explica Soler, ya que los reptiles eran los símbolos contra la herejía y el islam.

Lo más probable es que el escudo esté hecho en México, pero con dibujos enviados desde España ya que, según ha explicado Soler, se puede identificar de donde se han sacado las otras escenas.

Un paseo por la imponente Real Armería que sirve para recordar una sangrienta batalla que frenó el avance del Imperio Otomano y de la que hoy se cumplen 450 años. Murieron más de 7.000 soldados y otros 14.000 resultaron heridos, el más famoso, Miguel de Cervantes.