Lo que queda de Iglesias: un grupito de amigas a la última moda

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Las extravagancias de Pablo Iglesias han supuesto un duro golpe para el partido que surgió de los cenáculos bolivarianos.
España, dijo Madrid en las pasadas elecciones autonómicas, no es Venezuela. Pablo Iglesias se lo jugó todo a una carta y perdió.
Una leyenda de mal de amores, un reguero de escándalos judiciales y una vanidad que le llevó a creerse un Lenin redivivo, más el reproche de haber traicionado a su gente y de haberse convertido en un burgués en toda regla, llevaron a Pablo Iglesias a la mayor derrota de la democracia y a abandonar la política, por el momento.
Se fue pero dejó a la madre de sus hijos y a la amiga de la madre de sus hijos, Ione Belarra. Todo un clásico.
Se fue pero dejó una camada de nuevos dirigentes completamente contaminados de un aburguesamiento progre, caviar.
El Podemos-chanel que sustituye a Iglesias ha cambiado a la clase obrera por los lobbies LGTBI y al tercer mundo por el cambio climático. Gente guapa que viste, ríe, habla, come, bebe y veranea como auténticos capitalistas, eso sí, de lo más ‘progre’.
No hay más que verlas: Montero, Belarra, Verstrynge, Serra, y todo lo demás. Parecen una grupito de amigas pijo-progres que imaginan hacer algún tipo de revolución a la violeta mientras toman sus cócteles sofisticados y caros en algún local cool de un barrio de moda del centro de Madrid. Jo, tía.