Los tres tenores de Teherán

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Por MICHÈLE MAZEL (*)

El presidente estadounidense apenas había abandonado Oriente Medio cuando se celebró otra cumbre, esta vez en Teherán.

Según Le Monde, «el presidente ruso, Vladimir Putin, se reunió el martes en Teherán con sus homólogos iraní y turco en una cumbre sobre Siria que, de hecho, estuvo dominada por el conflicto de Ucrania.

Ansiosos por eludir las sanciones occidentales, Irán y Rusia intentan reforzar su cooperación energética y militar».

Para Le Figaro, «Turquía dijo el martes 19 de julio contar con el «apoyo de Rusia e Irán en la lucha contra el terrorismo» en Siria, donde amenaza con intervenir, dijo el presidente Recep Tayyip Erdogan en Teherán».

A los dirigentes iraníes les interesa acercarse a Moscú, escribe Le Monde, «en un momento en el que se perfila una alianza entre Israel y los países del Golfo, auspiciada por Washington.

Al recibir a Vladimir Putin el martes, Alí Jamenei justificó la invasión de Ucrania diciendo que si el Kremlin «no hubiera tomado la iniciativa, la otra parte habría provocado una guerra…»

Sobre todo, la cumbre fue una oportunidad para que Erdogan tratara de convencer a sus socios de las ventajas de la operación militar que arde en deseos de desencadenar en el norte de Siria para expulsar a los kurdos sirios, calificados por Ankara como «terroristas» afiliados al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), de carácter autonomista.

Su objetivo es ampliar la «zona de seguridad» de treinta kilómetros de profundidad conquistada por su ejército y sus auxiliares sirios a lo largo de las intervenciones anteriores (2016, 2018, 2019) para asentar allí a un millón de refugiados sirios de los 3,7 millones que actualmente acoge Turquía.»

Lo verdaderamente admirable en los relatos de la reunión de estos tres autócratas, por no decir dictadores, es la ausencia de condena.

Por el contrario, el gran diario y think tank Le Monde detalla a sus lectores las razones que llevaron a Putin y Erdogan a Teherán y las que les hicieron ser bienvenidos en el país de los ayatolás.

Es casi como si uno escuchara a los tres líderes cantar sus versos: «¡Ayúdenme a vencer la resistencia de estos tenaces ucranianos intensificando el bombardeo de objetivos civiles para que pueda anexar nuevos territorios en Ucrania y más allá!

«Dejadme desmantelar un poco más Siria, masacrar un máximo de opositores y precipitar a decenas de miles de nuevos refugiados por los caminos del exilio, y de paso reprimir los vellets de independencia de la minoría kurda en casa», responde Erdogan.

El acuerdo final viene de Ali Khamenei tarareando «¡Tiempo, quiero tiempo! ¡Lo suficiente para alcanzar finalmente la capacidad nuclear! Una bomba, sólo una pequeña bomba asegurará a la República Islámica de Irán la victoria y la impunidad en caso de conflicto y me permitirá destruir finalmente a Israel.

¿Y Europa, dices? Escucha con un oído distraído.

Está ocupado apagando otros incendios.

Apenas le queda energía para señalar con el dedo a Israel una vez más.

(*) Este artículo ha sido originalmente publicado en francés por la web Dreuz.info y su autor es Michèle Mazel