Madrid no es el Goyerri, Pablo.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias. | Jesús Prieto - Europa Press
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La violencia política se ha instalado en Madrid. En realidad, no acaba de llegar. Ha estado siempre aquí. La trajo ETA. Primero al País Vasco y luego cometiendo terribles atentados criminales por todo el territorio nacional. ETA asesinó a casi 900 españoles, dejó un reguero de más de 7.000 víctimas y unos 200.000 exiliados que tuvieron que salir huyendo de su tierra. ETA actuaba en toda España, pero el odio estaba concentrado en el País Vasco. Luego, gracias a ERC (que pactó en Perpignan), el odio pasó a Cataluña.
Lo novedoso, ahora, de la política española, es que el odio político ha cruzado el Ebro, y lo ha hecho de la mano de Pablo Iglesias.
En el mitin de Vox en Vallecas se oyeron gritos nunca antes escuchados en Madrid; Gora ETA, gritaban cuando Abascal pedía la palabra. Gritar Gora ETA es lanzar un mensaje de odio en forma de amenaza y es también dar vivas al crimen y ciscarse en las víctimas. Gritar Gora ETA es pedir el atentado contra los de Vox.
Gritaban también, mientras lanzaban piedras, ladrillos, estacas, botellas y latas, «A por ellos como en Paracuellos», donde los comunistas asesinaron a más de 4.000 personas sin juicio, por odio político, en una orgía de crimen y de limpieza ideológica que convirtió aquello en un autentico genocidio. Se asesinó a personas por el mero hecho de creer en Dios, de creer en España o de ser de derechas. Ese grito estremecedor de Vallecas fue una llamada al odio, al crimen y a la guerra civil.
Esa es la herencia y el bagaje político de Pablo Iglesias: el odio ideológico.
También resulta estremecedora la actitud de los medios de comunicacion afines a la izquierda. Todos pudimos ver la lapidación que sufrieron los lideres y militantes de Vox en Vallecas.
Y todos pudimos ver también cómo durante todo el día de ayer los medios de la izquierda acudían al mismo mecanismo retórico de la llamada «inversión de la culpa», es decir, convertir a los agredidos en culpables y a las víctimas en responsables de la agresión. Ese mecanismo, repugnante, es viejo y conocido. Siempre lo utilizó el comunismo y a él acudió, invariablemente, el discurso de la izquierda abertzale tras cada atentado de ETA: «algo habrá hecho«, decían sus medios afines tras cada asesinato, de manera que la culpa acababa recayendo sobre la víctima, a la que se acusaba de ser amigo de un guardia civil, de un militar o de la policia, por ejemplo.
Ayer, ese «algo habrá hecho» se transformó en la acusación de que Vox va a los barrios de Madrid «a provocar». La consecuencia es que, como provoca, es culpable de la agresión que padece. Ese es el terrible discurso que ha invadido a la izquierda española. Lo que antes se decía para justificar los atentados de ETA contra populares y socialistas, contra policías y militares, contra ciudadanos españoles, ahora se utiliza para justificar el ataque al enemigo perfecto, el que merece el odio, la ira, la violencia, y además es responsable de ella.
Mal andamos. El proyecto político de ETA, el odio de ETA, los mecanismos mentales de ETA han cruzado el Ebro de la mano de Iglesias. Y la izquierda ha comprado el discurso. O Hay una rectificación, o este camino nos conduce a lo peor de nuestra historia.
Vox seguirá acudiendo a expresar sus ideas a todos los barios, porque está en su derecho y porque en todos los barrios hay personas que esperan a Vox. Y porque además los barrios no son ghetos, como reclama la izquierda, no son territorios comanches de unos o de otros, sino lugares donde la gente tiene derecho a convivir, a discrepar y a expresar sus ideas.
Pablo Iglesias quiere convertir el cinturón sur de Madrid en el Goyerri, pero ni Madrid es Guipúzcoa ni los madrileños nos vamos a dejar. Error de cálculo, Pablo. Vallecas, Vicálvaro, Parla, Getafe, Fuenlabrada, San Blas, Carabanchel etc etc son también Madrid, son también España y está llenos de ciudadanos libres que no quieren ni a Iglesias, ni su odio, ni sus métodos bolivarianos, ni su violencia.