Miguel Ángel Quintana Paz: ‘Solo un Dios puede salvarnos todavía’, por J.Mª Francàs

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Conversación tranquila de @jmfrancas con Miguel Ángel Quintana Paz (@quintanapaz). Filósofo. Profesor de Ética en la Universidad Europea Miguel de Cervantes de Valladolid y participante en MIRADAS ANTE LA CRISIS DEL COVID-19 organizadas por Club Tocqueville.JMF: Dices en tu vídeo que ‘la filosofía se ha vuelto loca’, ¿y nuestros gobernantes?

MAQP: “La filosofía se ha vuelto loca” en el sentido de que está defendiendo, desde hace unas décadas, ideas de lo más extrañas: que no hay diferencia de valor entre los animales y los seres humanos, por ejemplo, o que no tienen la menor relevancia las diferencias biológicas entre los sexos. Nuestros gobernantes, en la medida en que poco a poco van siguiendo esas ideas, puede considerarse también que han enloquecido, claro. Aunque no hayan leído ni una página de filosofía actual: normalmente la gente que cree no seguir ninguna filosofía es solo porque sigue una que está demasiado asentada en su ambiente como para reconocerla como tal.

JMF: Y, ¿el virus lo ha empeorado?

MAQP: Mi sensación es la contraria. La llegada del coronavirus podría servir de advertencia: hay asuntos a los que no se prestaba atención antes (prevención de riesgos de salud, por ejemplo, o la inminente crisis económica) que ahora reclaman ocupar un primer lugar de nuestras preocupaciones. Pero mucha gente está empeñada en que los asuntos que priman nuestra atención sigan siendo exactamente los mismos que en febrero pasado (cuando ya deberíamos haber estado previniendo la que se nos venía, pero no lo hacíamos). Es decir, asuntos como si los piropos deben ser castigados penalmente, si hay que dar tratamiento de jefe de Estado al presidente de la Generalitat, etc. Cuestiones narcisistas sobre las identidades (feminista, nacionalista, LGBT…) en vez de cuestiones algo más relevantillas como si 40.000 personas van a morir o millones van a quedar desempleados.

JMF: ¿Me estás diciendo que el virus nos lleva a dejarnos de sandeces?

MAQP: Más bien estoy diciendo que el virus debería llevarnos a eso si actuásemos con cierta racionalidad. Pero no creo que vayamos a actuar con cierta racionalidad, precisamente porque el pensamiento y la política de nuestra civilización se han vuelto un tanto locas.

JMF: Pienso lo mismo, la cabeza de nuestros políticos no la veo próxima al sentido común y a sus dictados. ¿Qué puede hacer el ciudadano frente a esto?

MAQP: Bueno, lo primero es no votar a los políticos a los que más les falte ese sentido común. Es cierto que a todos es posible pillarlos en un momento u otro de estupidez, principalmente porque hoy estamos más pendientes de ellos que nunca en redes sociales, en programas de TV que mezclan la información y el entretenimiento (el llamado “infotainment”), etc. De hecho, cualquiera de nosotros puede ser pillado también en un momento u otro de locura. Pero eso no significa que todos estemos igual de locos. Y nuestros políticos tampoco. Lo segundo, es ser muy vigilantes e intolerantes con cualquier atisbo de estupidez. En estos días, por ejemplo, se está poniendo de moda una nueva cosa idiota: políticos de todo el mundo que se ponen de rodillas como si eso fuera a resolver los problemas policiales de los EEUU. Hay que ser severos con los que lo hagan y recordar aquella escena de Superman II en que, si un político demuestra estar dispuesto a arrodillarse pronto, es que no merece gobernar. No deberíamos querer políticos que se humillen ante la primera moda que les llegue, sino resolutivos y que concentren sus energías en resolver problemas reales.

JMF: Me hablas de la política de los gestos, ¿tiene base filosófica esto?

MAQP: La política de gestos puede criticarse por dos motivos. El primero, más obvio, es que mientras te ocupas de los gestos no te estás ocupando de resolver los problemas. Sirven como un trampantojo: la gente se queda embobada mirando el gesto, o incluso discutiendo sobre él, y se olvida de que el problema real está sin resolver. Apoyas fervientemente o repudias ferviente al político por sus gestos y mientras él se escabulle sin haber resuelto el problema. Sin embargo, hay un segundo motivo para criticar la política de gestos. Reside en constatar que algunos gestos llevan consigo dosis fuertes de estupidez. Este segundo motivo es, si cabe, más deprimente que el primero. Cuando un político se arrodilla ante cualquier moda mundial, está insinuando que todos deberíamos arrodillarnos ante ellas. El antiguo modelo de hombre noble, orgulloso, que ayuda a sus semejantes desde su magnanimidad, que se hace más digno al ser más generoso, queda sustituido por el hombre sumiso, arrodillado, que olisquea por dónde van los vientos de cada momento para rendir pleitesía a ese problema que hace dos semanas ni le preocupaba pero que unos cuantos líderes mundiales han decidido ahora que debe ser objeto de su humillación. Esta segunda vertiente de los gestos es la que me parece más peligrosa.

JMF: Superficialidad, idiotez, falta de personalidad o realmente se pillan votos a base solo de gestos…

MAQP: No son cosas incompatibles. Sé pillan votos gracias a los gestos. Pero al acostumbrarte a atrapar votos gracias a esos gestos, van asumiendo ciertos hábitos, y vas inculcando ciertos hábitos en la sociedad. Hábitos relacionados con esos gestos y no con otros. Aristóteles lo vería muy claro: las cosas que hacemos no nos dejan indemnes. Van convirtiéndonos en el tipo de persona que seremos. Gestos idiotas y sumisos irán haciéndonos más idiotas y sumisos.

JMF: No tengo dudas que el mundo se mueve por las ideas aunque tardan un tiempo en ser motor. ¿qué ideas reconoces que van a movernos en un tiempo?

MAQP: Obviamente, no sé qué ideas nuevas vendrán. Si las supiese, conocería ya esas ideas y sería yo el que las estaría avanzando, ¡convirtiéndome así nada menos que en su pionero! Tampoco sé (aunque es algo que no hay que descartar) si afrontamos tiempos de penuria, en que nada realmente nuevo va a llegar o, si llega, será una especie de irrupción inexplicable (se trataría más o menos de la posición de Heidegger, cuando dijo aquello de que “solo un Dios puede salvarnos todavía”, ¡y recordemos que Heidegger era ateo!). Lo que sí sé es qué ideas vienen ya con mucha carrerilla de décadas: son las ideas estúpidas de que hemos empezado hablando, unidas a otras cuantas: que quizá la vida no merezca tanto la pena (y, por tanto, tampoco dar a luz a nuevos seres humanos o conservar la vida al máximo de nuestros ancianos), que la libertad es una carga más onerosa que otra cosa, etc. Frente a esas ideas que vienen con carrerilla de unas cuantas décadas, quizá otros tengan las ideas nuevas que decíamos antes, pero yo me conformo con tener ideas aún más viejas: las que nos ha legado la esplendorosa herencia occidental. No es casualidad que una parte fundamental de las nuevas ideas locas que nos rodean sea rechazar de plano todo lo antiguo y todo lo occidental. Saben que es lo único potente que puede a día de hoy plantarles cara. Y yo estoy desde luego en el equipo de Platón, Escoto Eriúgena, Tomás de Aquino y Kant, incluso Nietzsche (con todo lo complicado que sea montar un equipo de trabajo con esas “estrellitas”) antes que con el equipo locuelo que hoy nos pide aborrecer el pasado, olvidar el sentido común y arrodillarnos ante lo que Ana Patricia Botín decida que es hoy lo bondadoso y “empático”.

JMF: ¿Estamos tocando fondo?

MAQP: No creo que se pueda ser consciente de cuándo tocamos fondo, entre otras cosas porque siempre que crees que lo has tocado, llega alguien con su excavadora y se pone a cavar aún más profundo. Sí que creo que nunca como ahora se había sometido a una prueba de resistencia tan dura, por tanta gente y tan poderosa, a los cimientos de nuestra civilización.

JMF: ¿Algún motivo de esperanza?

MAQP: ¿Aparte de la del ateo Heidegger, que algún dios venga a salvarnos?

JMF: Si, aparte.

MAQP: Siguiendo con el símil del edificio al que se somete a una prueba de resistencia, tenemos un edificio que aún no ha colapsado. Es más, incluso si se derrumbara, siempre quedarían ruinas entre las cuales emboscarse. Y que podrían servir perfectamente, en tiempos mejores, para iniciar la reconstrucción. Así que hay muchos motivos de esperanza, en realidad. A eso habría que sumarle que en nuestro equipo están hombres tan sabios como los que he citado antes, y otros muchos. Cierto es que la gran mayoría están muertos y necesitan nuestras mentes para que los comprendamos y nuestras manos para pasar luego a la acción. Pero son en todo caso un apoyo precioso. Al otro lado tenemos a Irene Montero, al clan Bardem y a Ana Patricia Botín. Sé de qué lado quiero estar.

JMF: Mil gracias Miguel Ángel, pienso que coincidiremos en el mismo lado, un abrazo.

MAQP: ¡Gracias, Josep Maria, un placer!