Brasil lucha contra los abusos sexuales

Bolsonaro saca adelante la Ley del Registro Nacional de Violadores

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El Registro Nacional de Personas Condenadas por Delitos de Violación está llamado a contener información sobre los condenados por violación, incluyendo características físicas, huellas dactilares, perfil genético (ADN), fotografías y domicilio. En el caso de una persona en libertad condicional, el registro también debe incluir los domicilios de los últimos tres años y las profesiones ejercidas durante ese período.

Bolsonaro ha conseguido previamente, desde que accedió a la presidencia, reducir las violaciones en Brasil en un 13,6%. La cifra, sin precedentes, al parecer no ha sido debidamente ponderada por quienes desde posiciones ideológicas bien identificadas siguen llamándole misógino, machista y ultraderechista.

Lula da Silva, impulsor del Foro de Sao Paulo y hoy juzgado por nueve causas de corrupción, instauró la denominada “agenda de género” en Brasil. Aprobó además la Ley María da Penha (una mujer asesinada por su marido)  que establecía que toda la sociedad debía pagar, a través del estado, el daño sufrido por parte de mujeres víctimas del maltrato o la violación. Bolsonaro ha cambiado la responsabilidad de la sociedad por la responsabilidad del agresor. el que agrede, paga y repara el daño causado, de tal manera que los criminales son castigados no solo penal sino también económicamente. La colectivización de la justicia no puede suponer la impunidad del culpable.

Ahora el agresor debe pagar los costos de la atención a las víctimas de violencia doméstica. Las reparaciones por daño sufrido en mujeres víctimas de violencia —ejercida por su pareja masculina— serán financiadas por los abusadores, no por el Estado con el dinero del contribuyente. la medida no solo tiene una finalidad punitiva sino también disuasoria, porque a la agresión o al maltrato puede seguirle la ruina económica del maltratador.

Bolsonaro, con otros medios, está siendo mucho más eficaz en la lucha contra los abusos sexuales y los malos tratos que la arcaica legislación de género de la infraizquierda globalista.