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'BOLIVIA TRATA DE QUITARSE LA CUERDA'

La caída de Colombia: el plato apetecido por la izquierda

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Artñiculo publicado en Panampost por Miguel Ángel Camacho

Algunos creen que Colombia no será manejada por la izquierda más recalcitrante de este país. Esa misma que está atada económica, ideológica y culturalmente a la izquierda de organismos internacionales que trazan estrategias conjuntas para alcanzar sus objetivos. Ocurre todo el tiempo en los ámbitos académicos, políticos, económicos y científicos que se desarrollan alrededor del mundo. Organizaciones de todas las variantes se reúnen para trazar políticas conjuntas que ayuden a hacer prevalecer un modo de ver el mundo.

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Basta con ver los objetivos trazados en los eventos que se realizan a nivel regional e internacional; las organizaciones que los integran; las empresas y personas que los financian y las consecuencias de la aplicación en el mundo de esos modos de verlo. Unos más acertados que otros, sin ser perfectos. Cada modo de ver el mundo busca aportarle o quitarle a la sociedad. Están integrados por aquellos que salen a trabajar diariamente para responder con sus obligaciones, para tratar de disfrutar la vida junto a quienes ama, y por aquellos que creen firmemente que sus obligaciones deben ser asumidas por otros, los que con la ley o la violencia buscan alcanzar sus objetivos.

Así son muchas de las personas que integran la sociedad, las que quitan e imponen, las que bajo extraños argumentos logran restringir libertades, o las que le aportan al mundo, viviendo coherentemente con sus convicciones y la correcta lógica de sus argumentos. Así son las personas y organizaciones que integran los eventos internacionales. Buscan un modo común para construir el mundo que quieren. ¿No es así el ser humano desde hace millones de años? Nos reunimos según nuestros intereses, sentimientos, razonamientos e ideales.

Entonces, ¿por qué es tan difícil creer que la izquierda colombiana, que está asociada a nivel nacional de acuerdo a sus distintos enfoques, no integra también organizaciones internacionales que apuntan a conseguir objetivos similares? La existencia del Foro de Sao Paulo, el Grupo de Puebla y la Internacional Socialista (IS) no es un invento de la “derecha fascista” para sembrar terror en las sociedades. Son organizaciones formales, creadas e integradas por organizaciones formales de izquierda de distintas naciones, y claro que Colombia tiene su cuota en cada una de ellas.

Por ejemplo, de la IS, fundada por cuestionados partidos de izquierda, es miembro el Partido Liberal Colombiano, que en sus estatutos se cataloga como socialdemócrata y que puso al Gobierno 8000, a cargo del socialista Ernesto Samper Pizano; y lo fue la Alianza Democrática M-19, fundada por exintegrantes de la guerrilla del mismo nombre. Del Foro de Sao Paulo, organismo fundado por el sanguinario Fidel Castro y el corrupto Lula, hacen parte por Colombia, según lo registrado en su sitio oficial: Marcha Patriótica, de la que hace parte la amiga cercana de Hugo Chávez, Piedad Córdoba, quien tiene buenas relaciones con la tiranía de Nicolás Maduro; Movimiento Progresista (o lo que es casi igual, Colombia Humana y Decentes), formados y liderados por el senador Gustavo Petro, que es el perfecto ejemplo del autoritarismo y de que en algunos lados un doctorado en economía se puede obtener sin saber de economía; Partido Alianza Verde, cuyas bases son del M-19, en donde el señor Petro tiene una fuerte injerencia por la cantidad de sus seguidores que ocupan puestos importantes en esta colectividad, como el Gobernador Camilo Romero, el representante a la Cámara Inti Asprilla, entre otros; el Partido Comunista Colombiano, que a lo largo de su historia ha respaldado grupos ilegales que esparcieron muerte y terror en el país; el Polo Democrático Alternativo, del que hace parte el delirante Jorge Robledo, el peligroso Iván Cepeda, y en el que también militó activamente Petro; el marxista Presentes por el Socialismo; Unión Patriótica, liderada por la poco confiable Aida Avella y el Movimiento Poder Ciudadano, donde la exsenadora Córdoba tiene influencia.

Tampoco hay que olvidar la reciente participación de las FARC en el último encuentro del Foro, realizado en Caracas, y en el reciente creado Grupo de Puebla, que tiene como objetivo respaldar a Maduro y desarrollará su siguiente encuentro en Colombia: “Convocamos a las y los miembros del Grupo de Puebla, a reunirse por tercera vez en Colombia durante los próximos 6 meses y así dar continuidad a este impulso progresista que sin duda ya ha comenzado a liderar el cambio”.

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La izquierda colombiana tiene representación en este grupo con el expresidente Samper -que desde Unasur ayudó a fortalecer la tiranía venezolana- y la exministra Clara López, líder de izquierda que ha militado en diferentes partidos, entre ellos el Polo Democrático.

Por esto no es extraño, ni conspirativo, afirmar que organizaciones internacionales, como las anteriormente mencionadas, estén impulsando la inestabilidad en países donde han perdido el poder o creen estar a punto de recuperarlo. Venezuela está sumergida en las políticas de la izquierda; Nicaragua está tomando impulso para sumergirse aún más en el fango con Ortega a la cabeza; México empieza a transitar rápidamente un sinuoso camino impuesto por López Obrador; Argentina sigue con la brújula dañada; la izquierda de Chile se dio cuenta que quebrar al Gobierno sería fácil; Panamá es una casi despejada interrogante; España ha decidido asegurar el nudo de la horca, mientras Bolivia trata de quitarse la cuerda, y Colombia es un destino apetecible por su cercanía a EE. UU., y su oposición a los regímenes de Cuba y Venezuela.

La inestabilidad política y económica de Colombia le favorece a los sectores de izquierda que empiezan a fortalecer sus raíces en América Latina. A los enemigos declarados que buscan cualquier momento para crear un factor de distracción que oculte sus crímenes, sus falencias argumentativas, la realidad rampante que ha demostrado una y otra vez que ese mundo ideal que plantean los populistas es solo un espejismo, uno en el que se implementa quitarle a la sociedad, en el que se cultiva el resentimiento hacia el otro y hacia su forma de vivir.

Colombia puede soportar un embate de la izquierda regional si se corrige el rumbo, si se empiezan a dar pasos importantes para dolarizar la economía, se baja el gigantesco gasto estatal, se eliminan impuestos que tienen agotados a naturales y jurídicos, y se deja de lado esa postura gradualista que ha decidido tomar el presidente Iván Duque -la impuesta por Macri en Argentina- que solo conducirá al fracaso, no solo del actual Gobierno, sino de la sociedad colombiana en sí. De seguir dando los malos pasos que otros van marcando, los colombianos encenderán el fuego del toro de Falaris, con las antorchas dadas por los líderes políticos quienes bajo la promesa de un lugar cálido, nos irán calcinando.

Si se sigue permitiendo que personajes cuestionables se hagan llamar guerreros de la libertad, la justicia y la paz, tarde o temprano llegará un tirano a la Casa de Nariño. Uno que querrá imponer por ley y violencia su forma de ver el mundo. Que se creerá juez y verdugo de todos los aspectos de la vida; de la propia -que es lo ideal- y de la vida de los demás -que es absolutamente peligroso-.

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Se apoyan en estrategias regionales y globales que los acercan más al poder y les garantiza conservarlo por un buen tiempo. Maduro, los Castro, Morales, Ortega, Correa, los Kirchner, el Frente Amplio de Uruguay, entre muchos otros, son los ejemplos perfectos de que estar alineados regionalmente es la mejor forma de tomar el poder. Lo han demostrado durante años. No importó la caída de la Unión Soviética, siguieron adelante susurrando rencores, mentiras y aprovechando la molestia de los latinoamericanos, que escuchan su garganta ser destrozada por la mano de un Estado que quiere conquistarlo todo. Ven en la izquierda un tanque de oxígeno, y apuesta por él. Sin darse cuenta que lo que están a punto de respirar es escopolamina y anestesia. Cuando despierten encontrarán un país destruido por aquellos que prometieron progreso.