PUBLICIDAD
CLINTON, GATES, SOROS...

La cara oculta del globalismo. Por Julio Ariza

|

Lo políticamente correcto en el mundo del globalismo progresista es silenciar la trastienda de China. La batalla de la propaganda, el poder económico, la compra y participación de China de empresas y sectores estratégicos está dando su resultado planetario. ¿Alguien recuerda a Gore o a Hillary Clinton clamando contra el gigante asiático por ser el mayor contaminador del planeta y el más grande devastador ecológico? ¿Alguien le dijo a Greta que pronunciara una sola palabra contra China en la Cumbre del Clima? Bill Gates ha salido en cerrada defensa del régimen genocida pidiendo comprensión para sus autoridades. Nadie en Naciones Unidas ha levantado la mano contra la devastación mundial que está generando en todos los órdenes el régimen comunista de Pekín. No solo eso: China se ha erigido, desde la ONU, en una de las mayores defensoras de la globalización (ahí están las intervenciones de su embajador). En España, nadie ha escuchado una sola palabra de crítica del hombre de Soros en España, Pedro Sánchez, en relación a China (Pablo Iglesias es un ferviente partidario de la tiniebla amarilla). Ninguno de los medios afines al gobierno, partidarios también del gobierno mundial, han osado criticar al gigante asiático. 

Las grandes élites multimillonarias del poder mundial en la sombra (Clinton, Gates, Soros, Rotchild, Rockefeller etc) apostaron por integrar completamente a China en el circuito de sus economías, como proveedora barata de “artículos innecesarios” para una sociedad aparentemente opulenta y realmente consumista (que no abierta). Ahora, los grandes globalistas que pactaron con el mismísimo diablo  viven encerrados en su propia estrategia. China es al globalismo lo que el globalismo es a China. Por su parte, las élites europeas, de segundo grado, integradas por individuos consumistas y narcisistas, son enteramente blandas y han renunciado a la defensa de la cultura europea. Esas élites de segundo nivel, mayoritariamente progresistas, han aceptado la destrucción antropológica de la sociedad occidental, a la que se le hurta la tradición, la base cultural, la identidad nacional y finalmente la protección de los estados. El globalismo fake ha dado al fin la cara como lo que realmente es: un gran negocio que derriba fronteras y convierte a las sociedades en cautivas.

PUBLICIDAD

En cuanto a los orígenes de todo esto, cabe recordar que la llamada Perestroika china de los años 80 estuvo marcado por la visita a Pekín de la Comisión Tripartita, que incluía a Brzezinski y Kissinger. Hay que recordar también cómo formaron el Consejo de Relaciones Exteriores y el prototipo Trilateral de Gobierno Mundial, y cómo desde el primer momento, en previsión del derrumbe de la URSS,  la coleta china asomó por los Urales, que diría Ortega.

¿Por qué? Porque China cayó bajo la tutela del Gobierno Mundial. Después de los sucesos de Tiananmen, Occidente gritó y enmudeció en seguida, y Estados Unidos mostró una gran indignación… allegro ma non troppo. China ya estaba comprometida con la globalización que acababa de ser diseñada…

Todo lo cual explica que China haya podido cabalgar el capitalismo salvaje bajo la dirección del estado totalitario. Es como si el dragón comunista se hubiera subido al dragón del capitalismo radical. Ni un solo derecho, pero abundantes ceros en las cuentas corrientes de las jerarquías chinas (el reverso del globalismo mismo) y un gran y estúpido consumo para las clases medias de ese enorme país. Bussiness is bussiness.

PUBLICIDAD