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FINANCIACIÓN DEL RÉGIMEN CHAVISTA

La trama venezolana del oro

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Maduro reclama de Inglaterra 31 toneladas de oro, mientras expolia las reservas venezolanas y devasta un 12% del territorio nacional

Durante décadas, Venezuela fue almacenando parte de sus reservas de oro en bancos extranjeros. En 2011, Hugo Chávez repatrió cerca de 160 toneladas de oro de los bancos de Estados Unidos y de la Unión Europea al Banco Central en Caracas por el temor a que se aplicaran sanciones internacionales que congelaran sus reservas en el exterior. Desde ese momento, Venezuela han ido realizando dos operaciones simultáneas: repatriar el oro depositado en bancos internacionales y expatriar, mediante dudosos canales aéreos (jets privados cargadas de lingotes), el oro depositado en el Banco Central de Venezuela.

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Pero Maduro tiene pendiente una importante repatriación de oro, que se la complicado: la del Banco de Inglaterra.

Un quinto del oro de los gobiernos del mundo se encuentra en Londres, centro mundial del comercio del metal precioso desde que en 1732 el Banco de Inglaterra construyera la primera bóveda del mundo para almacenar oro con específicas medidas de seguridad. Dichas bóvedas albergan más de 5.000 toneladas de oro, nacional e internacional, público y privado. De hecho, el Banco de Inglaterra es el segundo mayor poseedor de oro en el mundo, con aproximadamente 400.000 lingotes. Solo la Reserva Federal de Nueva York tiene más.

Los lingotes de oro que ahora reclama Maduro del Banco de Inglaterra, valorados en 1.000 millones de dólares, está jurídicamente en el limbo. El Banco de Inglaterra admite que la propiedad es del estado venezolano pero ha rechazado la solicitud cursada por Maduro porque Reino Unido reconoce, desde 2019 y junto con 50 países más, como gobierno legítimo el del líder opositor Juan Guaidó. El problema con el oro venezolano en Londres es que el Banco de Inglaterra dice no saber quién es el legítimo dueño. Guaidó solicitó en enero de 2019 a través de una carta enviada a la entonces primera ministra Theresa May y al entonces gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, que no se le entregara el oro al gobierno de Maduro, argumentando que se usaría con fines corruptos. La reclamación está pendiente de la decisión de los tribunales.

La célebre Delcy Rodríguez, siempre vinculada a las transacciones internacionales de oro, ha sido la portavoz chavista en la reclamación de esas 31 toneladas con la excusa de hacer frente a la pandemia del coronavirus. No es extraño que la propia vicepresidenta protagonice la principal ruta del expolio del precioso metal venezolano. Maduro quiere repatriar el oro que por otro lado expatria hacia países como Turquía para su comercialización.

Las 31 toneladas bajo custodia del Banco de Inglaterra no son los únicos recursos venezolanos a la espera de resolución. Deutsche Bank también quiere que un juez decida si alrededor de 100 millones de libras que pertenecen al Banco Central de Venezuela deben entregarse al gobierno de Maduro o al de Guaidó. Tras un acuerdo firmado en 2016, Venezuela recibió un préstamo por 750 millones de dólares del Deutsche Bank y a cambio puso 20 toneladas de oro como garantía. El acuerdo, que iba a finalizar en 2021, se rescindió el año pasado porque Venezuela no pagó los intereses. Los 120 millones de dólares representan la diferencia del precio al que estaba el oro cuando se firmó el contrato y cuando se finalizó. La cuestión es en fondo la misma: quién tiene la autoridad para hacer la reclamación.

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Un informe del Consejo Mundial del Oro señala que el Banco Central de Venezuela fue la institución bancaria que más oro monetario vendió en el mundo durante 2017 y 2018.

Según Reuters, el BCV tenía a mediados de 2019 reservas en barras de oro equivalentes a unos 4.620 millones de dólares, una cantidad un 18,5% menor que la que mantenía la institución en sus bóvedas al término de 2018. Se trata de la más baja tenencia de oro de Venezuela en los últimos 75 años.

Turquía es el principal comprador de oro venezolano. En 2018, Venezuela exportó unos 1000 millones de dólares en oro a este país, aparentemente para ser refinado allí y devuelto a Venezuela, aunque no hay registro alguno de reexportación. Washington denuncia que el régimen bolivariano está sacando ilegalmente toneladas de oro del país para burlar las sanciones internacionales.

Según el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y la prestigiosa ONG Transparencia Internacional, la mayor parte sale en forma de contrabando para el lucro de altos cargos chavistas. La principal salida del oro es la ruta Caracas-Estambul. Ese es el mismo camino que cubría el jet en el que llegó a Madrid Delcy Rodríguez, el mismo que aterriza con frecuencia en los aeropuertos de Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Suiza, Rusia y Seychelles, países donde o bien se refina el oro o se pone a la venta.

Por estas actividades vinculadas al comercio ilícito de oro, el Departamento del Tesoro ha publicado sanciones a más de 20 miembros del Gobierno venezolano.

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Transparencia Internacional Venezuela publicó en diciembre pasado un informe sobre el contrabando de oro. La directora de esa ONG en Venezuela afirma que “entre el 70% y 90% del oro que se extrae sale del territorio del país de manera ilegal en operaciones en las que están implicados altos funcionarios del Gobierno y familiares cercanos al entorno presidencial de Maduro”. El informe estima que el erario público venezolano ha llegado a perder 2.700 millones de dólares hasta 2018 por el tráfico ilegal de oro, tres veces la cantidad que reclama del Banco de Inglaterra.

El oro es una de las principales vías de financiación del régimen chavista, cuya rapacidad no tiene límites. Hundida y arruinada la industria petrolera venezolana, los socios internacionales de Podemos se han lanzado al descubrimiento y expoliación de un nuevo El Dorado: las minas de oro situadas en el sureste del país, una vasta zona que se extiende hasta la frontera con Guyana al este y con la de Brasil al sur.

Ya en 2011 se decretó la nacionalización de la explotación y comercialización de la industria del oro y en 2016 Nicolás Maduro, en plena rapacidad de los recursos naturales del país, creó el Arco Minero del Orinoco, un inmenso territorio rico en oro y otros metales preciosos en el centro-este de Venezuela: unos 111.846 kilómetros cuadrados, un 12% de la superficie del país, bajo cuya naturaleza (que está siendo destruida sin que una sola asociación ecologista levante la voz) se esconden unas 7.000 toneladas de reservas de oro.

La minería del Orinoco la explotan, según las autoridades norteamericanas, militares, guerrilleros, intermediarios extranjeros y bandas de criminales.

Rusia y China han constituido, a su vez, empresas mixtas de extracción con participación del gobierno para la explotación masiva de la zona.

La empresa de capital mixto estatal-privado Oro Azul SA lleva la gestión para extraer el oro y hacerlo refinar principalmente en Turquía, pero también en Suiza, Bélgica y Emiratos Árabes Unidos. A su mando está Jorge Arreaza, yerno de Chávez y actual ministro de Exteriores.

A su vez, Venezuela ha convertido las islas de Curazao y Aruba en las bases operativas del oro de América. El comercio ilegal de los lingotes afloró cuando un cargamento de 50 kilos (dos millones de euros) fue aprehendido en febrero de 2018 en el aeropuerto de Aruba procedente de Maracaibo.

Ahora, el oro venezolano se ha convertido también en la vía de pago de la gasolina que el gobierno venezolano importa de Irán. El Departamento de Estado de Estados Unidos cree que la petrolera estatal venezolana, PDVSA, está pagando “con toneladas de oro” esos y otros muchos servicios.

La trama venezolana del oro también pasó por España.