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TERREMOTO RESPALDADO POR RUSIA, IRÁN Y CHINA

Latinoamérica: la conjura de la izquierda. Un cronograma de actores y países

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Para comprender los que está sucediendo en el continente americano hay que poner de manifiesto el cronograma de hechos, revueltas y países. Más allá de la retórica, está la causalidad.

En los dos últimos meses todos los países latinoamericanos no gobernados por la izquierda han caído en el caos, las algaradas y la desestabilización, pese a tener unos indicadores socioeconómicos incomparablemente superiores a los gobernados por la izquierda. 

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El 14 julio de 2019 los líderes socialistas americanos fundan en Puebla, Méjico, el Movimiento Progresivo, también llamado Grupo de Puebla, y declara que “los espacios políticos progresistas de la región necesitan adueñarse del mañana” y recuperar el hemisferio para la izquierda mediante la deslegitimación de los regímenes democráticos y el impulso de protestas sociales y algaradas callejeras. Los objetivos inmediatos serían desestabilizar las democracias, provocar la caída de gobiernos no progresistas y arrebatarle la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos a Almagro. El Grupo de Puebla, que pasa a ser una nueva herramienta del Foro de Sao Paulo, incorpora nombres como Lula da Silva, Dilma Rousseff y, cómo no, José Luis Rodríguez Zapatero, el príncipe de las tinieblas latinoamericanas.

El 23 de septiembre la O.E.A., a iniciativa de Brasil y de EE.UU., asestó un duro golpe al Foro de Sao Paulo y al Grupo de Puebla al invocar la activación del Tratado Interamericano de Asistencia recíproca (TIAR) para investigar la relación entre el narcotráfico y el régimen de Nicolás Maduro. La resolución aprobada reconocía explícitamente “la amenaza que representa el régimen ilegítimo de Nicolás Maduro para la seguridad y estabilidad de Hemisferio”, y requería que las agencias de investigación de todos los países miembros (FBI, CIA, DEA, Policías Federales, Servicios de Inteligencia, etc) participaran en una investigación conjunta para poner al descubierto las tramas, económicas y políticas,  del narcotráfico y sus imbricaciones políticas. La investigación afecta a los lazos de toda la izquierda latinoamericana (no solo la chavista) con el narcotráfico, la financiación de los movimientos políticos y sociales y las millonarias fortunas amasadas por los líderes progresistas a costa del narcotráfico y hoy depositadas en paraísos fiscales..

Un día después de que dicha resolución fuera aprobada, el 24 de septiembre, Nicolás Maduro viajó a Moscú y su lugarteniente, Diosdado Cabello, al que la DEA sitúa al frente de la narcopolítica y de un grupo narco llamado Los Soles, viajó a Corea del Norte donde, además, tuvo encuentros con mandos del régimen de Pekín.

¿Qué ha ocurrido a partir de ese momento y en qué países? Repasemos muy sucintamente lugares y fechas.

Perú, 30 de septiembre. La crisis política interna hace que el presidente del país, Martín Vizcarra, cierre el Congreso y prohíba los nombramientos de la Corte Suprema. Veinte organizaciones criminales bolivarianas, de origen venezolano, desembarcan a Lima. El caos y la desestabilización política y social llegan a Perú que, sin embargo, resiste.

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Ecuador, 8 de octubre. Una serie de protestas violentas (similares a las que los black blocs realizaron en 2013 Brasil), aparentemente desencadenadas por la subida del precio del combustible, llevaron al presidente Lenin Moreno a declarar el estado de sitio y trasladar la sede del gobernó ecuatoriano, en peligro, de la capital Quito a la ciudad de Guayaquil. Ecuador pende desde entonces de un hilo.

Honduras, 10 de octubre. Manuel Zelaya, líder de la oposición de izquierda y amigo y socio de Lula da Silva, saca a los suyos a la calle y provoca violentas algaradas, disturbios y desórdenes, exigiendo la caída del presidente Juan Orlando Hernández. Hernández acababa de anunciar un acuerdo de cooperación de seguridad con el Presidente de los EEUU, Donald Trump. Honduras resiste, pese a que la semilla de la insurrección ya está sembrada. 

Chile, 18 de octubre. Movimientos de izquierda radical, asesorados por los servicios cubanos y venezolanos desplazados a Santiago de Chile a tal efecto, desencadenan violentas protestas aparentemente provocadas por la subida de las tarifas del metro. También aquí los activistas reproducen  las tácticas de los black blocs. Arden 118 estaciones de Metro en Santiago (el papel de cubanos y bolivarianos está más que demostrado en estos incendios) y se desencadena un vandalismo de alta magnitud que más que desórdenes constituyen un verdadero terrorismo callejero, y se suceden asaltos, saqueos de comercios y profanaciones de iglesias sin precedentes y por todo el país. Piñera declara el estado de emergencia. Hay centenares de heridos y una veintena de muertos. Las radios y televisiones progresistas del mundo ponen su foco en la desestabilización del país y difunden la teoría de las profundas desigualdades del país. Finalmente el presidente opta por el apeacement, reconoce la culpabilidad de los poderes públicos y acepta reformar la Constitución, dando con ello el primer triunfo argumental a la izquierda y legitimando, indirectamente, los levantamientos. Ni que decir tiene que Chile presenta los mejores indicadores del Hemisferio en materia de PIB, PIB per cápita, Movilidad social, igualdad y servicios públicos. Incomparables a los ofrecidos por los regímenes de Venezuela, Cuba o Nicaragua.

Méjico, 18 de Octubre. Se produce una guerra entre las organizaciones criminales del narcotráfico y las fuerzas armadas. En el curso de las mismas, se produce el arresto del hijo del Chapo Guzmán. La consecuencia inmediata es un reguero de muertes, el caos en las ciudades y los estados controlados por los narcos. López Obrador se rinde y demuestra que Méjico ha vuelto a ser un estado fallido.

Venezuela, 19 de octubre. Diosdado Cabello declara públicamente, “Lo que está sucediendo en Perú, Chile, Ecuador, Argentina, Honduras es una brisita, vendrá un huracán bolivariano”. (Argentina se enfrenta en ese momento a un proceso electoral donde la izquierda juega sucio y desestabiliza el país, provocando la derrota de Macri y la vuelta de la gran corrupta Cristina Kirchner, que vuelve al Grupo de Puebla).

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Brasil, desde el 26 de septiembre hasta mediados del mes de octubre. Misteriosas manchas de crudo comienzan a contaminar toda la costa noreste, con gran escándalo ecológico difundido por los medios mundiales de comunicación. Las manchas se incrementan coincidiendo con los hitos descritos en el resto de la región. La inteligencia brasileña apunta a Venezuela: el petróleo vertido no puede venir más que del país del crudo, gobernado por Maduro. 

Paraguay, a lo largo del mes Octubre se produce un intento de desestabilizar la paz social para provocar la destitución al presidente Mario Abdo. Su ministro del Interior culpa a los cárteles del crimen organizado con vinculaciones políticas en la izquierda, como el PPC y el Comando Vermelho, como responsables del vandalismo desestabilizador. 

Colombia recibe desde el mes de julio por la frontera terrestre a miles de inmigrantes venezolanos, una auténtica diáspora política y económica, entre los que el régimen bolivariano introduce unos 20.000 delincuentes liberados de las prisiones venezolanas con destino a Bogotá. Simultáneamente, las FARC, asesoradas por el ejército y los servicios de inteligencia caraqueños y cubanos, reinician su actividad y un número sin determinar de asesores procedentes de La Habana y Venezuela aterrizan en Bogotá y organizan la convocatoria de una huelga general para desestabilizar el país. La huelga se produce el 21 de noviembre con los mismos trazos del caso chileno: algaradas, terrorismo callejero, saqueos, profanaciones de iglesias, y la declaración del estado de emergencia. El discurso político de la izquierda mediática internacional  es calcado del que se puso en marcha en Chile. Veremos si Duque cede legitimidad al movimiento insurreccional reconociendo las razones sociales alegadas por los revolucionarios y concediendo reformas constitucionales, como ha hecho Piñera. 

Hay dos piezas que han escapado al control del Grupo de Puebla más centrado en desestabilizar al contrario que en estabilizar lo propio: Bolivia y Uruguay. 

La progresía internacional que pretendido despachar el asunto boliviano como un golpe de estado. Nada más lejos de la realidad. La prueba es que se acaba de tomar el acuerdo de convocar elecciones libres y democráticas. El caso de Uruguayes también paradigmático. El candidato Lacalle, liberl-conservador, acaba de ganar las elecciones pero la izquierda ha impugnado las 30.000 papeletas de diferencia para mantener interinamente el poder durante algún tiempo y poder maniobrar en la sombra de la transición. La plaza de Uruguay no es secundaria, no solo por razones políticas, sino también porque ha venido operando durante los últimos 15 años de gobiernos de izquierdas como paraíso fiscal y centro de negocios de parte importante de la izquierda internacional.  Perder el control de ese pequeño país puede costarle a la izquierda la aparición de muchos y nuevos “papeles de Panamá”.

Latinoamérica, regada de narco dólares, infiltrada por asesores del comunismo cubano y venezolano, se enfrenta a un terremoto respaldado por Rusia, Irán, China y Turquía. Una estrategia de desestabilización que va mucho más allá de lo meramente local y hay que mirar siempre en el tablero ideológico mundial donde se juega el porvenir.