Francia defiende sus valores

Macron llama a combatir el separatismo islamista que busca un orden paralelo

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Macron acaba de dar un giro de 180 grados en su mensaje político sobre el islamismo en el interior de Francia. Ha pasado del mensaje del relativismo multicultural y de la equivalencia de las civilizaciones, a defender los valores propio de la República Francesa. Parece que el buenismo migratorio está virando hacia la necesidad de llevar a cabo un control responsable de los flujos migratorios y de exigir a todos los ciudadanos de Francia, sin distinción de origen, el acatamiento de los valores de la República.

La situación en ciudades como Paris, Marsella o Burdeos y la creación de una suerte de apartheid cultural y racial en las periferias de las grandes ciudades lleva tiempo causando problemas de convivencia en la Francia urbana. No solo eso: en los últimos tiempos, barrios tradicionalmente habitados por franceses en ciudades como París están siendo ocupados ahora por poblaciones magrebíes y africanas. Es evidente que el terrorismo yihadista ha prendido en algunas de esas zonas y en determinados sectores de población. Jóvenes de las segundas generaciones de inmigrantes, sin horizonte profesional y sin arraigo cultural, son presa del adoctrinamiento. Lo que comenzó siendo un problema de orden público se está convirtiendo en un auténtico problema existencial para los franceses.

Macron lo ha dicho, aunque con cierta tardanza, con toda claridad: Francia debe “combatir el separatismo islamista que busca crear un orden paralelo”. Con estas palabras ha defendido los términos de la próxima ley para luchar contra el radicalismo yihadista en defensa de los valores propios de la República Francesa.

La ley, ya en tramitación, que será aprobada en Febrero, limitará la influencia de ese separatismo cultural en ámbitos como la enseñanza, el culto en las mezquitas, las asociaciones culturales o sociales y el transporte público. Toda asociación que aspire en adelante a una subvención pública deberá hacer una declaración de laicidad y de acatamiento de los valores republicanos; las escuelas religiosas serán supervisadas por el Estado y se limitará la enseñanza en el hogar.

Ha señalado Macron que  el islam “vive actualmente una crisis en todo el mundo” debido a “un endurecimiento extremo” de tipo ideológico. “Es evidente que existe un islamismo radical que lleva a la negación de la República”.  El presidente del Elíseo ha denunciado “el adoctrinamiento, la negación de nuestros principios como la igualdad entre hombres y mujeres” , la práctica de determinadas costumbres y la “desescolarización de los niños”.

Francia se enfrenta a la definición de su propio ser en los próximos años. Según los últimos datos estadísticos, el 15% de la población francesa ya no es de origen francés; ese 15% no es uniforme; hay una población que se integra y otra que reconstruye en las ciudades francesas las realidades culturales de origen. Hay organizaciones y asociaciones que acatan el orden republicano y sus instituciones, y hay cientos de pequeñas organizaciones conectadas con células islamistas que corren el riesgo de abrazar el yihadismo radical y desestabilizar le país. La realidad es tan evidente, que Macron ha decidido reaccionar y sumarse al discurso del Frente Nacional.