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TRIUNFOS ECONÓMICOS

Trump logra grandes acuerdos comerciales para EEUU

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La trumpofobia de los grandes medios de comunicación en manos de la izquierda española, llenos de prejuicios y de lugares comunes (una forma como cualquier otra de provincianismo político)  no tiene precedentes. Donald Trump puede gustar más o menos. Sus maneras, sus modales, sus excentricidades pueden encajar mejor o peor en el canon de lo política o socialmente correcto en Europa. Pero una cosa es que el amercian way of Trump nos sea más o menos simpático, más o menos próximo, y otra bien distinta es que se oculten sus éxitos, se ridiculicen sus políticas y se le ataque con una irracionalidad que es desmesurada y roza lo grotesco. Hemos pasado casi directamente de la vieja realpolitik  al esperpento informativo.

Uno de los pilares de la promesa electoral del american first era reordenar la política comercial internacional de los EE.UU. Tres años después de su llegada a la Casa Blanca este presidente ha firmado el capital Tratado trilateral de Libre Comercio con los otros dos grandes países americanos que le son fronterizos: Canada y Méjico. Canadá y México son los dos principales mercados hacia los que exporta EE.UU, con un volumen combinado que el pasado año rondó los 565.000 millones de dólares. No solo eso: 12 millones de empleos norteamericanos están directamente vinculados con los flujos comerciales entre los tres países. El nuevo acuerdo trilateral tiene significativos avances. Por ejemplo, abre el mercado lácteo de Canadá a los EE.UU., avanza notablemente el la fabricación de componentes de automóviles en el país por excelencia de la industria automovilística e introduce una tasa de cambio contenida, es decir, una cláusula antidumping para impedir el juego desleal mediante la manipulación artificial e injustificada de la divisa. 

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El acuerdo además mejora el status quo de los trabajadores. Garantiza a los trabajadores mexicanos el derecho a sindicalizarse, exige condiciones de trabajo seguras y prohíbe el trabajo forzado. También prohíbe la interferencia del empleador en las actividades sindicales y requiere que México establezca tribunales independientes para juzgar disputas laborales. No solo eso, al aumentar los salarios y los beneficios en México, se reducirán los incentivos de las empresas estadounidenses para externalizar empleos, lo cual favorecerá a los trabajadores estadounidenses. El acuerdo requiere que entre el 40% y el 45% de las piezas de los automóviles sean fabricadas por trabajadores que ganen al menos $ 16 por hora. Este piso salarial, que las compañías automotrices estadounidenses han apoyado, ayudaría a impulsar la producción nacional al alentar a más productores automotrices a establecer y mantener su sede en Estados Unidos. Uno de los pilares del nuevo acuerdo es la protección de la propiedad intelectual. Estados Unidos ha sido durante mucho tiempo un líder en avances tecnológicos pero esa ventaja comparativa se ha visto fuertemente erosionada, junto con los empleos que crea, por la falsificación y otros tipos de robo de propiedad intelectual por parte de sus socios comerciales extranjeros. El acuerdo garantiza que sus socios comerciales protejan y apliquen los derechos de propiedad intelectual. La innovación médica, por ejemplo, depende de una fuerte protección de la propiedad intelectual. 

Pero la habilidad y fortaleza negociadores del equipo de Trump no solo se ha visto reflejada en el acuerdo trilateral con Canadá y México. También con China la administración norteamericana ha logrado un considerable éxito. 

Tras arduas negociaciones, amenazas de ruptura y denuncias de competencia desleal, Donald Trump ha arrancado al presidente de China  un primer acuerdo comercial, que deberá ser seguido de otro para el año 2020, que no solo salva la situación económica del gigante asiático sino que beneficia y estabiliza los intereses comerciales de los EE.UU. y da un respiro incuestionable a la economía mundial. La noticia se ha silenciado en los medios españoles, quizás por ese verdadero prejuicio ideológico de colocar al presidente norteamericano entre la inutilidad y la fanfarronada, pero tiene una importancia económica de primer nivel y no debe ser ocultado a los españoles. 

El Ministerio de Finanzas del país asiático acaba de anunciar recortes arancelarios para más de 850 productos, entre ellos carne de cerdo, medicamentos para el asma y la diabetes y placas de circuitos integrados, entre otros. En total para EE. UU. el recorte arancelario significará una ganancia de 389 mil millones de dólares en productos importados.

China estaba sufriendo una crisis alimentaria. El precio del cerdo, tras una devastadora epidemia, subió 119,2 %, y el conjunto de los productos alimenticios ascendió en general un 19,1 %. Dichas cifran evidencian que China necesitaba un acuerdo comercial inmediato, de manera que el acuerdo beneficia a las dos parte. La medida era necesaria para la economía china y es un triunfo para el equipo negociador de Donald Trump.

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El acuerdo implica que a partir de ahora China abrirá sus mercados de petróleo, telecomunicaciones y electricidad a competidores privados, pero además se ha comprometido a  dar a las empresas privadas de dichos sectores el mismo trato que a las empresas estatales. En ese sentido, China se compromete a reducir los monopolios estatales en sectores estratégicos y promete «introducir la competencia en el mercado» en industrias clave, incluyendo energía, telecomunicaciones, ferrocarriles, petróleo y gas natural.

No solo eso. El acuerdo tiene indudables efectos para mejorar el medio ambiente e ir introduciendo métodos de producción menos contaminantes en el gigante asiático. Según informó la agencia oficial de noticias Xinhua, el recorte arancelario forma parte de la promoción del desarrollo coordinado del comercio y también del medioambiente, pues la incorporación de empresas extranjeras, con estándares de producción más rigurosas en función al cuidado del planeta (en comparación a los bajos estándares chinos), influirá sobre la producción China que, hoy por hoy, es el mayor contaminante del planeta y el país más contaminado. Nadie sin embargo, en los medios europeos, ha señalado esta indudable contribución del presidente Trump al medio ambiente. En todo caso, un avance que no ha logrado la célebre cumbre de la niña Greta de Madrid, totalmente ignorado por China.

Las medidas anunciadas no solo serán históricas respecto para las relaciones entre ambos países sino también para el futuro de los propios nacionales chinos. Por primera vez los ciudadanos de ese país no dependerán del todo poderoso y burocratizado Estado para la administración de servicios básicos, como las telecomunicaciones o la  generación y distribución de energía. Se permitirá la fabricación extranjera de automóviles eléctricos y el país se abrirá a la industria del automóvil por empresas no chinas, es decir, norteamericanas, en 2021. Dicha apertura económica se extenderá en la misma fecha a la propiedad extranjera en negocios bancarios, seguros y otros servicios financieros.

El principal beneficio de este acuerdo es que aminorar el control estatal en los servicios ampliará las libertades de los chinos. En un país dominado por el Partido Comunista, donde el Gobierno tiene el poder de negarle a los ciudadanos el acceso a servicios, como el transporte público, de acuerdo con su conducta en redes sociales, podría significar mayor libertad en todos sentidos. Los ciudadanos chinos, en efecto, están sometidos a un mecanismo que se conoce como «crédito público». Por medio de la tecnología, todas sus actividades, desde comentarios en redes sociales hasta compras realizadas por Internet, son evaluadas por el gobierno y tienen una puntuación que luego sirve para sumar créditos para realizar trámites burocráticos con mayor celeridad o bien para ser sancionados por la administración y perder acceso a servicios básicos. Por ejemplo, según datos del Centro Nacional de Información de Crédito Público, 17 millones y medio de chinos fueron sancionados por las autoridades del país con la prohibición de adquirir billetes de aéreos y cinco millones y medio fueron incluidos en en listas negras para impedirles el viaje en ferrocarril. 

Ese hiper control del Gobierno chino sobre sus ciudadanos volvió la economía insostenible. Por medio de la apertura económica, el Partido Comunista ahora busca apuntalar el crecimiento en la desaceleración de la economía dominada por el Estado.

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Actualmente, China estaba en el punto más bajo de desaceleración en los últimos 30 años, 6 % en el último trimestre del 2019. En las últimas tres décadas China tuvo crecimientos a menudo superiores al 10 %. Pero desde el 2018 se ha estancado en el 6,6 %, la tasa más baja desde 1990. E incluso un grupo de economistas (Wei Chen, Xilu Chen, Chang-Tai Hsieh y Michael Song) sugiere que, debido a cómputos incorrectos por el instituto de estadística de este país asiático, el verdadero crecimiento económico chino ronda el 4 %.

A partir del 1 de enero entrarán en vigor las medidas que abrirán los mercados de China al mundo y permitirán el ingreso de productos al gigante asiático a menor precio. Desde ahí quedará en evidencia su efectividad.

Mientras tanto, Trump anota otro triunfo económico que a su vez servirá en la campaña electoral para el 2020.

Además de la paz lograda con un enemigo histórico como Corea del Norte, pudo convencer a China para aplicar el libre comercio para alimentar mejor a sus ciudadanos y aminorar el sistema de control estatal.

De todos estos éxitos comerciales, muy pocos actores hablan en España. Rebelión en la Granja no va a ocultárselos a sus lectores.