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CONTRA EL RÉGIMEN COMUNISTA CHINO

Un vistazo sobre Hong Kong: una rebelión sin retorno

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Nada dice la izquierda bienpensante de lo que está ocurriendo en Hong Kong. No hablar de ello no significa, contra lo que piensa esta beautiful left que domina el discurso europeo, que no esté sucediendo. Esos extraños orientales, que se rebelan ahora contra el hermano comunista chino, no lo hacen por razones económicas, por el alza del precio del pan o por la carestía de la vida. Rara vez en la Historia una revolución no surge de adversas condiciones económicas (las primaveras árabes que arrasaron la paz gracias a Obama tuvieron un trasfondo económico evidente y lo del 68 fue un divertimento). El Catón del revolucionario morado, que ya era ciertamente una pereza para cualquier cabeza mínimamente despierta y asentada, se ha quedado obsoleto. Está claro que los treintañeros hongkoneses que se han alzado contra la longa mano del régimen del partido comunista chino en su isla, no pasan hambre, ni sed, ni padecen miseria, antes al contrario disfrutan de todas las comodidades del postcapitalismo tecnológico y además están altamente retribuidos y aburguesados en la pasión del consumo irredento. Son treintañeros de éxito en un país de éxito; una generación que ya no cree más que en lo que puede perder y aún no han perdido. Se rebelan por miedo, no por hambre. Y además se rebelan contra el hermano (gran hermano, eso es cierto) del continente, el heredero de Mao, al que tampoco le va nada mal desde que el comunismo, un poco tarde, es verdad, y algún muerto después (apenas cien millones), se ha sumado al capitalismo feroz del ultraconsumismo. 

¿Y si estos enigmáticos orientales de la isla, que tienen de todo y que son máquinas voraces de consumir, y a los que China puede llegar a garantizar todos los videojuegos e ingenios tecnológicos para seguir jugando, se estuvieran rebelando por algo inmaterial? La defensa de la libertad, por ejemplo. Por ejemplo, el hombre, como suena, o sea, la dignidad, los derechos, y esa naturaleza suya que no viene del mono y lo hace diferente y único. 

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Los jóvenes de Hong-Kong han iniciado una rebelión sin retorno que China solo podrá aplastar con el uso masivo, inmisericorde, total de la violencia; algo que el nivel de crecimiento socio-económico del imperio rojo no se puede permitir. Si China reprime de verdad y para siempre la rebelión en Hong Kong, con millares de muertos tendidos sobre las aceras, detenciones, desapariciones, presos políticos, juicios sumarísimos y ejecuciones en masa filtrándose por la red, tendrá que enfrentarse no solo a un serio cuestionamiento internacional (Trump está al acecho y no lo dejará pasar en el marco de su lucha comercial con China), sino también a un cuestionamiento interno del régimen. Mucho me temo que un joven chino de Pekin pueda tener como modelo de vida no tanto la del viejo jerarca acobardado y corrupto del PC Chino, sino la de alguno de los jovencísimos líderes de la vieja colonia que los británicos decidieron abandonar, como hacen siempre, a la deriva, en medio del océano. En fin, que las autoridades chinas miran con el rabillo planísimo del ojo más a Vietnam que a Praga, y dudan, dudan, dudan, y esa duda les hace ya perder.

Han paralizado aeropuertos internacionales, han derrocado leyes que derogaban extradiciones, han doblado el puso a la feroz presidenta que rinde pleitesía al gran hermano mayor del continente. Han convocado una huelga general y han paralizado el país durante 79 días. Cuando el ejército chino quiso intimidarles, le hicieron la peineta. Han asaltado el parlamento títere. Han bloqueado los cuarteles de policía. Han tenido a su líder Joshua Wong en la cárcel y después lo han liberado. Ahora están asaltando los centros comerciales propiedad de magnates y oligarcas enriquecidos por el gran hermano del continente. Le han aguado al Imperio el setenta cumpleaños de la Gran Infamia. 

Los rebeldes de Hong Kong, apenas cinco años después de que aquello empezara, ya tienen aniversarios con impacto mundial, fechas conmemorativas, hitos para la Historia que se han generado en tiempo récord (ya no hacen falta centenarios para celebrar una revolución). No hay un fin de semana que no salgan a protestar a las calles de Hong Kong. En lugar de irse de copas, esos jóvenes duros de mollera salen a cortar las principales avenidas y a celebrar el quinto aniversario de su nacimiento. Estos curiosos isleños orientales van a por todas. 

Desde el flanco de las autoridades de la isla, como en todos los regímenes que son o quieren ser totalitarios, han aparecido grupos parapoliciales ligados a las mafias locales, que agreden a los manifestantes cuando se retiran. También la policía se ido soltando el pelo en estos meses y últimamente se dedica a apalear a los manifestantes a la puerta del metro y a difundirlas después en medios oficiales como aviso para navegantes. 

Han inventado una revolución distinta, la de los paraguas, con un nombre de éxito, que ya ha quedado impreso en los papeles. En realidad los llevaban para protegerse de la lluvia y acabaron usándolos para protegerse de los antidisturbios. Para Oriente, esta rebelión va a ser mucho más importante que la del 68 para Europa, apenas un suspiro en plan lampedusiano. Esto es distinto, llevamos muchos meses de represión y el movimiento se ha fortalecido. Va muy en serio porque la gente se ha levantado contra el invasor exterior, después de que el bochornoso abandono británico los entregara en bandeja al enemigo y quemara sus naves.

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Como en Vietnam, se han levantando contra el invasor imperial y le va a hacer la vida insoportable. De los paraguas han pasado a las mascaras y lo que fue espontáneo ya está organizado. Ahora que se ha celebrado el 70 aniversario de la instauración del régimen tiránico de Pekín ya puede decirse que el imperio de Mao se ha transformado en un estado capitalista que, bajo la férula de un partido político comunista igual de totalitario que siempre, no ha permitido la más mínima apertura en el ámbito de los derechos y libertades. 

(Por favor, ahora que entramos en elecciones, que alguien le pregunte a Pablo Iglesias por esos orientales, a ver qué tontería dice).