No arde Galapagar, por Carlos Esteban

EFE/Alejandro García
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Decía William Buckley que prefería ser gobernado por los primeros 2.000 nombres del listín telefónico de Boston que por el claustro de profesores de la Universidad de Harvard, y no se me ocurre mejor frase para ilustrar la intersección de conservadurismo y democracia. Porque la base de la democracia no está tanto en el triunfo de la aritmética cuatrienal sino en la idea de que la comunidad política debe regirse según los principios del hombre común, con su mezcla de instinto, experiencia y sentido común.

Hoy, en cambio, nos gobierna un claustro, y ni siquiera de Harvard: se imponen las ideas pergeñadas en la Facultad de Políticas, la torre de marfil más refractaria al hombre común que se pueda imaginar.

De ahí que la izquierda surgida en semejante caja de mezclas, aunque se presente como adalid de la clase trabajadora, no se limita a ignorar lo que esta desea y cree, sino que defiende agresivamente todo lo opuesto, con resultados que serían cómicos en una novela y devienen trágicos en la vida real.

Esa izquierda está haciendo ahora arder las calles en varias ciudades españolas con la famélica excusa de la detención de Pablo Rivadulla, un señorito de tendencias destructivas y asociales que responde al alias de Hasel. No hay que decir que a quienes alientan esas protestas ostensiblemente contra el poder, un grupo que forma parte de ese mismo poder, les importa el tal Hasel tanto como a los amotinados de Black Lives Matter les importaba George Floyd cuando se divertían quemando ciudades norteamericanas con el beneplácito de todos los poderes fácticos, desde las multinacionales al Pentágono.

Pero la idea de que el desorden público y la destrucción del mobiliario urbano y la inseguridad son del agrado de la clase obrera no puede ser más profundamente estúpida. Lo cierto es que La gente corriente, el ciudadano común, aprecia el orden público INFINITAMENTE más que las élites, porque está inerme ante la violencia y los poderosos, no. En Galapagar no se quema nada.