Ya no cuela

 No binario. Por Carlos Esteban

|

 

‘Equidistante’, sabrán ya, se ha convertido en una mala palabra, un sinónimo intelectual de cobarde y tibio, así que optaré por definirme con otra que goza de mucho mejor predicamento: no binario.

El equidistante se decanta por el punto matemáticamente central entre dos posturas, mientras que los no binarios escapamos del dilema, directamente, o tratamos de hacerlo.

No quiero que el gobierno promueva que los restaurantes expulsen de sus menús en vino y la cerveza y me empujen a comer sano, o lo que en un momento concreto se decrete como sano. Pero tampoco querría que se me animara a tomar vino o a ir a los toros.

Me resisto con uñas y dientes a que mis gobernantes me digan qué noticias debo creer y cuáles no, que defina la verdad un sistema ideológico que alcanzó el poder negando que la verdad exista.

Me niego a aceptar que el poder político pase de ocupar la figura del Padre a pretender ser la Madre universal, un tanto neurótica en su sobreprotección.